En un número nada desdeñable de ocasiones me he encontrado con familias interesadas en tener un pulsioxímetro en casa para monitorizar a sus hijos cuando están acatarrados o al darle el alta tras un ingreso en neonatos, por ejemplo, donde tienen a los bebé monitorizados por sistema.

Se trata de una máquina que te dice la frecuencia cardiaca y niveles de oxígeno en sangre.

Obviamente, yo no le voy a decir a nadie lo que debe o no debe tener en casa, pero sí que quiero lanzar una pregunta: ¿De verdad quieres tener una máquina del demonio en tu casa? (No se me ha visto el plumero ni ná).

Ahora en serio. Hay veces que tener un pulsioxímetro en casa está justificado, pero la mayoría de las veces es innecesario.

Nuestra experiencia con el pulsioxímetro

Nosotros hemos tenido siempre. Llevamos casi 6 años conviviendo con él. En un principio, nos obligaron a tenerlo tras el alta de neonatos. Ahora, desde paliativos preferirían que no lo tuviéramos, pero respetan nuestra decisión de usarlo.

Ellos, con razón, prefieren que no lo tengamos porque es una máquina que te lleva fácilmente a la obsesión. Es por ello que invito siempre a pensárselo dos veces antes de meter una en casa.

El primer año de vida de Daibel, prácticamente lo llevó siempre puesto. Cargábamos con él a todas partes. Después, durante unos 6 meses, nos libramos de él y también de la bombona de oxígeno, pero desde el primer catarro de aquel invierno, las máquinas volvieron a casa y nunca se han ido.

Desde entonces, me autorizaron a no usarlo siempre. Así que, salvo que estuviera malo, no lo sacábamos de casa. Actualmente, si está bien, solo lo usa para dormir por la noche. Si está acatarrado, lo tiene puesto todo el día.

Lo cierto es que lo usamos más de lo que me gustaría, pero ElPadreDeLaCriatura se siente más seguro así. Yo le veo el sentido de ponérselo mientras duerme porque siempre se quita el oxígeno y, por tanto, se desatura. También cuando está acatarrado porque, aunque los médicos nos insisten en que mirando el color del niño podemos saber si está desaturado, lo cierto es que Daibel tarda mucho rato en ponerse cianótico y tienes que estar más bajo de lo habitual para que lo haga. Esto es algo que los médicos que más le conocen han podido comprobar y nos dan la razón.

La verdad es que es una máquina que puede volverte loca con tanto pitido y, desde luego, asusta a quienes no saben interpretarlo bien. 

Es importante aprender a usarlo

En primer lugar, hay que saber interpretarlo bien y no es tan fácil como parece. Sí, sólo ofrece dos valores, pero la mayoría del tiempo son erróneos. Sólo capta bien si el niño está quieto y el sensor está bien puesto y en buen estado (se avería con facilidad). Sólo hay que fiarse de lo que dice la máquina en determinadas circunstancias y esto únicamente puede aprenderse con la práctica.

Lo ideal, sería que el personal sanitario te enseñe a interpretarla. Nosotros no tuvimos mucha suerte con esto, la verdad. Daibel se pasó dos meses en neonatos y dos meses se pasaron las enfermeras diciéndonos que no hiciéramos caso de los pitidos de la máquina, que mirásemos al niño. Pero, claro, llegó el día del alta, nos teníamos que llevar la máquina a casa y no nos habían permitido ir aprendiendo con la experiencia en esas semanas. El último día, una enfermera nos explicó para qué servía cada botón, pero no a interpretar la máquina, que es lo realmente fundamental.

En segundo lugar, sí que es importante aprender a manejar la máquina para poder bajar volumen, silenciarla e, incluso, modificar los valores de las alarmas. Aquí ya entramos en terreno delicado porque las máquinas vienen bloqueadas para que haya ciertas cosas que no podamos modificar los padres y madres. Nosotros hemos tenido dos aparatos y aprendimos a desbloquear ambos por el bien de nuestra salud mental. Yo entiendo que puede haber casos de familias que no se apañen con los aparatos, pero esto me hace plantearme que, si no pueden aprender a usar los pocos botones y funciones que tiene la máquina, igual directamente no deberían tenerla porque son carne de cañón para que se obsesionen y les vuelva locos. 

La verdad es que no quiero resultar prejuiciosa y siento mucho si ofendo a alguien. Lo que realmente pienso es que todos somos capaces de usar estas máquinas si se nos explica bien y se nos dedica el tiempo adecuado

Sobre la locura y la obsesión 

Tener un pulsioxímetro en casa puede ser una locura porque pita por todo. Incluso, si la silencias, tienes una alarma para recordarte que la tienes sin sonido.

Si no sabes usarla, puede pegarte buenos sustos. También a tus familiares y amigos. Yo no sé cuantas veces les he explicado a mis padres cuando deben y cuando no deben hacer caso a la máquina, pero aún así se siguen asustando a veces. Ellos la conocen también desde hace 6 años, pero estoy convencida de que hay que convivir con ella para entenderla de verdad.

Incluso he visto como personal de enfermería de planta interpreta mal el aparato y es porque, lejos de lo que pudiera parecer, no trabajan el tiempo suficiente con ello, además de que cambian constantemente de pacientes. Otra cosa es el personal de UCI, por ejemplo, que sí que trabajan toda la jornada con estos aparatos (Por favor, que no se interprete un juicio por mi parte. Es sólo una descripción de lo que he visto y en ningún caso me parecen peores o mejores profesionales, simplemente sus herramientas de trabajo son distintas y es por eso que unos saben más de unas cosas y otros de otras).

Es fácil caer en la dependencia de las cifras que te devuelve la máquina para saber cómo está el niño o la niña y obsesionarse con controlarlo. Si te pilla en baja forma emocional, igual no es el aparato que necesitas.

¿Te has planteado tener un pulsioxímetro en casa? ¿Tienes experiencia con esta máquina?

¿Tienes pulsioxímetro en casa? ¿Has pensado alguna vez en tener uno?

Publicado en Terapias

Daibel tiene más de dos años y duerme con nosotros en la misma habitación. Hay quien no ve esto con buenos ojos, pero en nuestro caso es una cuestión de supervivencia mutua. Es una obligación por la seguridad de Daibel y un gran beneficio para mi espalda y mi escasa cantidad y calidad de sueño.

En la unidad de neonatos en la que estuvo ingresado Daibel, había charlas para padres en las que nos daban información sobre lactancia o la preparación del alta, por ejemplo. Yo asistí a un par de ellas. Una era sobre el vínculo afectivo, algo que a mí me preocupaba mucho porque desconocía si podía estar bien establecido, ya que nos separaron tras el nacimiento y me veía e la obligación de marcharme a dormir a casa cada noche dejándole a él ingresado. Recuerdo que cuando le comenté a una enfermera que iba a ir a la charla ella me dijo "¿La vas a dar tú? Esa charla a ti no te hace falta". Bueno, había una parte de razón en sus palabras. No me hacía ninguna falta, ni a mí, ni a los otros padres que asistieron, escuchar lo que allí se dijo. Nos encontramos con una psicóloga que no quería estar allí, que empezó la charla diciendo que ella no la veía necesaria, que ella trabajaba de otra manera. Esto último lo puedo entender, pero tratar el tema me parece de lo más necesario. Yo lo necesitaba, tenía dudas y no creo que fuera la única. Hizo una exposición teórica aceptable, pero cuando llegamos a los casos prácticos, nuestros casos, a mi modo de ver, patinó bastante. Varios padres planteamos nuestro deseo de conseguir el alta de nuestros hijos lo antes posible y aseguramos que lo primero que haríamos sería meternos padres e hijos en la cama y dormir juntos todo un fin de semana. La sensación de separación que se experimenta en casos así es tan fuerte, que lo único que quieres es recuperar el tiempo perdido. La psicóloga nos dijo que eso no era buena idea. Que eso de dormir con los hijos no es bueno para ellos. Que después no podríamos sacarles nunca de la habitación y que así no se establece un vínculo seguro. Estas frases lapidarias, provenientes una profesional de la salud, crearon confusión en algunos padres.

Yo no daba crédito. En primer lugar, ninguna persona externa a nuestra familia debería decirnos qué hacer en una cuestión de crianza tan íntima como esa. En segundo, me pareció alucinante que esta mujer hiciera oídos sordos a las recomendaciones de Organización Mundial de la Salud, UNICEF o la Asociación Española de Pediatría, instituciones que exponen las bondades del colecho seguro y lo recomiendan, como se puede leer aquí y aquíEn aquel momento yo ya conocía estas recomendadiones y lo planteé allí, pero no se me quería escuchar. A mí me dio mucha rabia por aquellos padres que se quedaron confusos, así que les busqué un artículo divulgativo sobre el tema y se lo di. 

¿Reflexionamos?

Vaya por delante que cada uno puede tomar la decisión que le parezca más adecuada. ¡Sólo faltaba! Que si decides no dormir con tu hijo, tienes tus razones y seguro que es lo mejor para tu familia, no tengo ninguna duda. El tema es que los que sí dormimos con ellos parece que tengamos que estar justificándolo constantemente. La red está llena de artículos sobre colecho muy bien fundamentados, así que no voy a entrar en este asunto. Yo sólo quiero dejar aquí unos temas  sobre los que reflexionar. Son asuntos que suelo plantear cuando alguien me cuestiona el colecho.

- Dormir alejados de los hijos es un invento occidental y 'adultocentrista'. En muchas otras culturas se duerme con los hijos en colecho o cohabitación. 

- Es curioso que exijamos a nuestros hijos que duerman solos cuando sus propios padres duerme juntos en la misma cama.

- Ningún adolescente quiere dormir con sus padres. ¿Es cierto eso de que si practicas colecho nunca vas a poder sacarle de tu cama?

Con estas cuestiones no quiero poner a nadie ni a favor ni en contra del colecho. Sólo quiero invitar a la reflexión y al respeto a las decisiones de quienes deciden practicarlo.

Colechamos por seguridad

He de decir que yo he tenido que defenderme poco respecto a este tema. Cuando tienes un hijo que requiere unos cuidados tan especiales como Daibel, la gente se atreve poco a opinar. Además, en nuestro caso, practicar colecho es algo de sentido común y no está relacionado, como en la mayoría de los casos, con la lactancia. Os cuento la paradoja...

Antes de que Daibel naciera, teníamos más o menos decidido que no dormiríamos en la misma cama porque no nos parecía seguro para él a causa de mis extrañas pautas de sueño. Me movía mucho, tenía episodios de sonambulismo y de terrores nocturnos. Eso desapareció antes de quedarme embarazada, pero, salvo que la lactancia nos llevase en otra dirección, Daibel dormiría en su cuna y en nuestro cuarto. Nació como nació y lo que más deseábamos tras el alta era meternos los tres en la cama. No lo hacíamos mucho, sólo por las mañanas, en fin de semana, cuando ya estás en el estado duerme-vela. No nos parecía seguro dormir con él toda la noche por el tema de los cabeles. Daibel necesitaba oxigenoterapia, por lo que llevaba gafas nasales y pulsioxímetro. Nos daba miedo enredarnos con los cables. Eso sí, las siestas, conmigo en la cama. ¡Un gustazo!

3colecho

El primer año durmió en una minicuna y después pasó a una cuna más grande a la que le teníamos la barrera bajada para poder cogerle más fácilmente. Pero nuestros colchones no estaban a la misma altura. Seis meses después, nos fuimos un fin de semana al pueblo de mis padres. Para dormir, pusimos una cama de 90 al lado de la de matrimonio. Fue la mejor noche que pasamos en meses y decidí que algo teníamos que hacer en casa. Así que, entre el abuelo y el padre de Daibel, tunearon la antigua cuna su tía para convertirla en una de colecho. La subieron en altura, para que los colchones quedaran alineados y le quitaron una barrera lateral. Además, conseguimos un estupendo espacio de almacenaje debajo. Yo la pinté de blanco y tengo pendiente fabricar unos cajones para guardar su ropa de cama. Con esta cuna me resulta mucho más fácil y rápido atenderle.

2colecho

Dormir con Daibel nunca ha sido fácil. Los primeros meses de su vida debíamos poner el despertador estrictamente cada tres horas y darle de comer, aunque no lo pidiera, para mantener sus niveles de glucosa. Tardaba unos 45 minutos en tomarse el biberón. Hacia los 7 meses dejamos de tener que darle el biberón de madrugada, pero a los 9 le operaron de labio leporino y el dolor no le dejó descansar en todo el verano. Cuando dejó de sentir dolor empezaron los catarros. 11 largos meses de un catarro detrás de otro. Tampoco podía dormir porque le daban fuertes ataques de tos por la noche que nosotros teníamos que atender con celeridad porque se ahogaba con sus flemas. Se fueron los catarros y aparecieron los trastornos de sueño. Cuando Daibel está bien, puede dormir tres horas y con eso tiene suficiente. Por tanto, se despierta a las 3 o las 4 de la madrugada y no vuelve a dormirse hasta las 8. Hemos probado de todo, ya os contaré...

1colecho

En esta situación, colechar es obligatorio, o, como mínimo, cohabitar en el mismo dormitorio. No le puedo sacar de la habitación porque, si le da un ataque de tos, tengo que actuar lo más rápido posible. No os cuento si tiene una crisis epiléptica... ¿Cómo me voy a enterar de una crisis si está en otra habitación? Ni siquiera tengo la seguridad de enterarme estando juntos... Además, lleva oxígeno y se saca las gafas un montón de veces a lo largo de la noche, por lo que su máquina pita indicándonos que no satura bien. Si está en otra habitación, me arriesgo a no escuchar el pitido y a estar levantándome constantemente. Sí, aquí ya entra mi comodidad. Pero, más que comodidad, es supervivencia. La falta de descanso, dormir en posturas imposibles (a ratos en el sillón del salón), los sobresaltos por la tos o los pitidos de la máquina, han hecho que mi espalda  sufra mucho y, aunque de vez en cuando me paso por Relaxarium, la cuna de colecho me ayuda a no tener que cargar tanto con Daibel y así aminorar el dolor.

No entra en nuestros planes ni a corto, ni a medio, ni a largo plazo sacar a Daibel de la habitación. Así estamos bien.

Y tú, ¿practicas colecho? ¿Respetas a quien lo hace? ¿Qué harías en nuestra situación?

Publicado en Crianza