Miércoles, 23 Octubre 2019 07:01

Mi rutina de mañana y de escritura

Desde hace tiempo trato de mejorar mi productividad. Es un tema del que leo mucho y también consumo bastante material audiovisual al respecto. Cuando me entero de algún recurso nuevo que creo que va a encajar conmigo, lo pruebo. Os puedo asegurar que he intentado bastantes cosas que a mí no me han funcionado, pero otras sí y son las que me gusta compartir por si inspiran a alguien.

Vivimos en una sociedad que va a velocidad de vértigo y, gracias a las herramientas de productividad que he implementado, paradójicamente, siento que yo puedo ir más despacio. Para mí, ser más productiva no significa hacer muchas cosas en poco tiempo, sino llegar y hacer bien aquello que priorizamos sin tener una sensación de abandono de todo lo demás.

Hoy quiero compartir la última herramienta de productividad que he implementado y que me ha venido a las mil maravillas. Se trata de mi rutina de escritura, que finalmente se ha convertido en mi rutina de mañana

¿Cómo empezó todo?

En junio pasado decidí formar parte del ‘club de escritura’ que puso en marcha Mer Flores. Ella es doctora en filología y, entre otras cosas, trabaja como coach de escritura acompañando a blogueras y emprendedoras para mejorar sus textos. En su blog encontrarás un montón de información útil, si te interesa este tema. El verano pasado, su blog fue una de mis lecturas mañaneras y me vino de maravilla.

En el mes de julio, Mer propuso un reto su grupo de Facebook Escribe Más y Mejor, con el cual nos ayudó a crear una rutina de escritura que tiene como objetivo conseguir que escribamos de forma más constante y con un estado mental creativo. 

¿En qué consiste la rutina de escritura?

Se trata de configurar un ritual previo a la escritura que coloca al cerebro en ‘modo escritor’. En definitiva, es una estrategia conductista que, a fuerza de repetirla, nos predispone a escribir tras realizar una serie de tareas. Nuestro cerebro funciona bastante bien a base de hábitos y rutinas. Al coreografiar las tareas que realizo antes de ponerme a escribir, el cerebro ya sabe qué toca después y le cuesta menos abordar la escritura. Mer lo explica más en detalle aquí

Ella nos fue dando ideas de qué acciones podrían componer nuestra rutina de escritura y las participantes en el reto decidimos cuáles nos encajaban y cuáles no. En resumen, estas acciones se dividen en dos grandes bloques: hábitos de autocuidado y de concentración.

Se trata de un ritual muy flexible y adaptable a la situación particular de cada y de cada momento. De hecho, tú misma decides si hay cosas que no se hacen todos los días o si van cambiando con el paso del tiempo. 

Cómo se convirtió en mi rutina de mañana

Una de las primeras tareas que nos propuso Mer cuando comenzó el reto fue una visualización de nuestro ritual ideal. Esa meditación me dio mucha información acerca de cómo deseaba yo que fuese mi momento de escritura.

Uno de los aspectos más claros de la visualización fue que la escritura es para mí una tarea de mañana. Siempre he sido más productiva por las mañanas, es el momento en el que mi cabeza funciona mejor. Ahí es cuando me di cuenta de que mi ritual podía tener una doble función y convertirse también en una rutina de mañana. Hacía tiempo que quería ordenar las primeras acciones que realizo por las mañanas y hacerlas con más sentido. Sabía qué cosas quería hacer y conseguía implementarlas por temporadas. A veces, se me hacía un mundo conseguirlas todas y tiraba la toalla. Lo cierto es que no había conseguido encontrar la forma de convertir esas tareas en hábitos duraderos aunque había probado varias opciones.

El ritual de escritura ha supuesto una motivación enorme y ha conseguido que afiance ciertos hábitos que llevaba años sin conseguir.

Cambios en el espacio

Antes de pasar a desgranar los pasos que tiene mi rutina de mañana, quiero contar que gracias a esto también he conseguido, tras 10 años, tener mi propio espacio de trabajo en casa. Llevo una década realizando trabajos desde mi hogar y en este tiempo siempre me he apañado poniendo el portátil encima de la mesa del salón y trayendo y llevando los materiales que necesitaba de un mueble a otro o de una parte de la casa a otra. Durante un tiempo, eso fue un auténtico caos y, en consecuencia, mi salón era una leonera. La cosa cambió bastante cuando, tras adoptar un estilo de vida más minimalista, reduje mi cantidad de pertenencias y eso hizo que los espacios, en general, estuvieran más ordenados.

En aquella visualización yo tenía un espacio delimitado y eso hizo que aumentara mi deseo por tener uno. A esto se sumó que en la nueva casa en la que vivimos tenemos un mobiliario diferente y, tras varias semanas de probar distintas ubicaciones, yo no terminaba de encontrarme cómoda

Finalmente, decidimos comprar un escritorio muy sencillo que pudiésemos colocar en el salón. Tenía claro que quería que fuese un espacio pequeño y con pocas posibilidades de abarrotarlo de cosas. También necesitaba una silla confortable que me permitiera sentarme a lo indio, que es como más cómoda y recta me siento y finalmente me hice con una de segunda mano que es una maravilla (además de suponer un consumo más sostenible).

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Pasos de la rutina

Estos son los nueve pasos de mi rutina que realizo después de haber apañado a Daibel (aseo, medicación y alimentación) y después de mi desayuno (acciones ambas que ya estaban del todo implementadas y que ya se habían convertido en un hábito):

  1. Recoger el desayuno. Esta era una acción que tarde o temprano realizaba a lo largo de la mañana, pero la verdad es que los restos del desayuno podían pasarse en la mesa hasta la hora de comer. He creado el hábito de recogerlo nada más terminar, lo que ayuda a tener el espacio más ordenado.
  2.  Llenar la botella de agua. Al llevar el desayuno a la cocina, relleno mi botella de agua y la pongo sobre el escritorio. El objetivo es bebérmela a lo largo de la mañana. El día que consiga establecerlo os enteraréis porque montaré una fiesta que se oirá en todo el planeta. 
  3. Lavarme los dientesEste es otro de los hábitos que estaba instaurado, pero podía pasar, tranquilamente, más de una hora desde que había terminado de desayunar.
  4. Hidratar manos y cara. Jamás en la vida me he cuidado la piel. He comenzado a hacerlo gracias a esto. Uso aceite de coco y ya.
  5. Hacer las camas. Mi madre y mi abuela están orgullosísimas.
  6. Poner una lavadora. Esta es una de las acciones que no realizo todos los días, sólo aquellos que sé que la mañana va a ser tranquila.
  7. Pasar la Aurorita. Es nuestro robot aspirador, que pasa un día sí y otro no y es una de las mejores inversiones de mi vida. El nombre es en honor a mi madre y mi abuela y, lejos de tener tintes machista, es mucho peor, es macabro y cargado de un humor negro que sólo se entiende en la familia.
  8. Desimantar superficies. En un par de minutos recojo un poco el salón quitando de las superficies imán todo lo que se va acumulando a lo largo del día y que no ha vuelto a su sitio después de usarlo.
  9. Hacer estiramientos. Me pongo música y realizo 10 ó 15 minutos de estiramientos. Hace como una año me di cuenta de que para mí es mejor hacer ejercicio a última hora de la tarde. Me activa lo suficiente como para terminar el día con más energía. Así que por las tardes trato de salir a andar o, este verano, estuve nadando, pero estiro por las mañanas. Me viene genial estirarme por las razones que todas conocemos y, además esta actividad física suave me activa y prepara mi mente para el momento de escribir.

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Resultados

Tras unos pocos días de implementar este ritual, ya pude ver los tremendos resultados que conseguía. Mis mañanas son menos caóticas, sé lo que tengo que hacer y consigo hacer las cosas que me propongo. La rutina ayuda a que mi casa esté más ordenada y a proporcionarme pequeños momentos de autocuidado a diario. Esto me da mucha sensación de satisfacción y resulta muy motivador. También es muy reconfortante tener mi propio espacio después de una década.

A nivel de escritura, mi productividad ha mejorado una barbaridad. Estoy escribiendo este post a finales de septiembre y, según mi programación, se publica a finales de octubre. Voy con un mes de adelanto, lo que hace que me sienta mucho menos estresada y que las posibilidades de periodos de abandono se reduzcan. Tengo tanto margen, que me puedo permitir reducir el ritmo si en algún momento lo necesito y seguirá habiendo publicaciones.

¿Tienes una rutina de mañana configurada? ¿Qué pasos tiene?

Publicado en Salud emocional