Crianza Mágica | Apego y respeto para niños con necesidades especiales
Lunes, 12 Noviembre 2018 09:04

¿Soy minimalista?

Lucía Terol, minimalista que puedes encontrar en Sencillez Plena, diría que el minimalismo no tiene que ver con el número de objetos que tienes, sino que es más bien una actitud y creo que ella misma me diría que estoy en el camino del minimalismo. Sigo teniendo muchos objetos, pero he reducido mucho en lo material y lo inmaterial en los últimos meses. Hay ciertos aspectos que he descubierto del minimalismo que encajan conmigo y los quería compartir por si a alguien más le inspira.

Cómo empezó todo

Es muy curioso cómo ha sido todo el proceso que acaba conmigo escribiendo este post. El detonante surge cuando nos vemos en la obligación de plantearnos un cambio de casa. No nos queremos mudar, pero ciertos acontecimientos pueden llegar a forzar que cambiemos de domicilio. Es algo que comenzamos a hablar hace más de un año y, como era una posibilidad real, nos pusimos a buscar casas. En ese momento, lo vi claro: no quiero vivir en una casa grande. Cuanto más grande, más trastos y más tiempo invertido en limpiar y ordenar. Mi prioridad no es esa.

Aún sabiendo que una casa con las dimensiones de la actual es suficiente y que no me quiero mudar, no me encontraba del todo bien en mi propia casa por estar siempre desordenada y no precisamente limpia.

Cuando comencé a trabajar, en septiembre de 2016, sumado a que Daibel entró en una fase de trastorno de sueño bastante gorda y que duraría meses, mi casa se sumió en el caos. Disponíamos de menos tiempo para dedicárselo a la casa, estábamos agotados y no encontrábamos la energía para ordenar, limpiar, cocinar… Lo de no dormir es una tortura.

Pasó otra cosa. Yo llevaba 3 años sin trabajar, por lo que habíamos reducido muchísimo nuestro consumo. Desde mi primera nómina, comenzamos a comprar cosas que necesitábamos o deseábamos y que habíamos dejado aparcadas hasta aumentar nuestros ingresos. El problema fue que entraban cosas a casa, pero nada salía. Y, sinceramente, ha habido compras innecesarias. Así, las casa se iba llenando y llenando de cosas que no encontraban un lugar determinado. La habitación pequeña se convirtió en un trastero caótico. Cuantos más trastos, más difícil es limpiar, por lo que el caos se iba apoderando de nosotros.

Comencé a hacer pequeñas limpiezas de cosas que ya no usaba. Para mí fue fácil empezar por mi armario. “Destrasteaba” la habitación del caos a menudo, pero siempre volvía a desordenarse. La razón es que cambiaba las cosas de sitio, pero no sacaba de casa las que no eran necesarias.

En verano de 2017, redescubrí a Azucena Caballero, experta en productividad, organización y emprendimiento. Compré su libro ‘Organiza tu hogar en 30 días’. Me propuse seguir sus consejos, aunque adaptándolos un poco a nuestras circunstancias. La verdad es que no funcionó, pero plantó una semilla en mí, eso lo tengo claro. El libro de Azucena Caballero es un gran recurso que le ha cambiado la vida a muchas personas. Yo me he quedado con algunas de sus propuestas, pero lo cierto es que el método no terminaba de encajar conmigo o, al menos, en ese momento. Ahora que, mediante otros recursos, he conseguido vaciar mi casa de trastos, descubro que hay más cosas de la propuesta de Azucena que soy capaz de aplicar.

Paralelamente, iba leyendo y viendo vídeos sobre organización y productividad. Anotaba lo que me gustaba, pero no terminaba de encajar todo.

El punto de inflexión

En septiembre de 2017, con el inicio del curso, me propuse conseguir que mi casa estuviese limpia y ordenada, pero el 8 de ese mes Daibel fue hospitalizado en estado grave y ya todo cambió. De hecho, para que Daibel pudiera volver a casa, teníamos que cambiar parte del mobiliario y deshacernos de cosas que ya no iba a usar para dejar espacio a otras nuevas que venían con él. Durante tres días, antes de su alta, estuve preparando la casa, limpiando, ordenando, sacando y metiendo. Fue la primera limpieza real desde que comencé a querer un cambio en mi casa y, aun así, sentía que no era suficiente.

Su alta y estos meses en casa, han supuesto en mí una gran trasformación. Su situación de salud es muy delicada, lo que supone, entre otras cosas, que casi no salimos de casa y tenemos las visitas muy restringidas. Pasamos mucho tiempo en nuestro hogar y necesitaba sentirme bien en él.

Más allá de lo material

La situación de Daibel es tan complicada, que sentí la necesidad de simplificar otros aspectos de mi vida para eliminar tanto ruido y poder centrarme en lo que para mí era importante. Me salí de un montón de grupos de Whatsapp y Facebook, dejé de seguir algunas páginas e hice limpieza en mis amistades digitales, decidí que ciertos aspectos del trabajo no eran responsabilidad mía y que no iba a dejar que los compromisos sociales se comieran mi tiempo.

Cuando todo eso se aclaró, de pronto, dando una vuelta por YouTube, acabé en el canal de Adriana, de Minimalistamente. Quedé fascinada porque, vídeo a vídeo, le iba poniendo nombre a todo lo que me había ido sucediendo. YouTube me iba recomendando vídeos relacionados y así acabé en el canal de Lucía Terol, de Sencillez Plena. Ella me proponía profundizar mucho más en todo este proceso desde un punto de vista emocional. Y ahora, sí que sí, sentía que tenía los recursos que necesitaba para ponerme manos a la obra.

En enero de este año tuve unos días de vacaciones y me centré en ordenar mi casa. Salieron muchos, muchísimos trastos. Cada viaje, con el coche lleno de basura y objetos para donar me hacía sentir una paz inmensa. Fue absolutamente liberador. Y que sepáis que es esto engancha.  A lo largo del año he seguido haciendo revisiones y reduciendo nuestras pertenencias. Y reduciría mucho más, pero los acuerdos de convivencia con Elpadredelacriatura no lo permiten, jeje.

Me siento especialmente a gusto con mi armario, que se ha convertido en un armario cápsula. Mi ropa ocupa menos de la mitad que antes, sólo hay prendas que me encantan y las uso todas. Todo lo demás, desapareció.

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Éstas son mis camisetas de manga larga para todo el año

He conseguido, por primera vez en mi vida, que mi casa esté limpia (según mi criterio, hay muchas personas que no estarían de acuerdo conmigo XD) y ordenada la mayor parte del tiempo. Porque sí, a veces se me descontrola la cosa y sé que la razón está en que sigue habiendo demasiados objetos y pensamientos a mi alrededor. Pero bueno, el camino hasta aquí ha sido muy revelador y sé que estoy donde quiero estar. ¡¿Tú sabes qué gusto?!

Publicado en Salud emocional

Desde el mes de abril, Daibel tiene una silla de ortopedia que es una maravilla. Aunque en los primeros tres años de vida creció muy despacio, en los dos últimos ha cogido carrerilla y ya no cabía en un carro de bebé. Además, no era lo más adecuado para él en cuanto a la posición.

Conseguir la silla no fue nada fácil. Ha habido que mover un montón de recursos económicos y humanos para que esto se haga realidad. Puede parecer una tontería: vas, te explican, te decides por una silla y te la llevas o la encargas. Ojalá fuese así de sencillo.

 

Una logística complicada

Desde que nosotros decidimos que Daibel necesitaba una silla hasta que por fin la tuvimos en casa, pasaron meses. Y eso que yo tengo ‘enchufe’. Silvia, una amiga de mi infancia con la que perdí el contacto y lo recuperé mágicamente años después, trabaja en una ortopedia al ladito del hospital al que va Daibel, en Ortoprono. Así que lo teníamos muy fácil. Un día, en el verano de 2017, me acerqué a la ortopedia a que me enseñaran sillas y explicaran qué necesitábamos. Quedamos en que después del verano nos poníamos con ello. Pero en septiembre, a Daibel le ingresaron y ya nunca la cosa ha sido igual. Te lo conté aquí. Daibel estuvo ingresado un mes y en los meses siguientes intenté en varias ocasiones quedar con Silvia, pero no hubo manera. Quedábamos y siempre tenía que cancelar la cita porque Daibel no estaba para salir de casa. Finalmente, Silvia me ofreció venir a casa. Y así lo hizo, acompañada de su compañera Leticia.

 

Un desembolso económico muy grande

La silla de Daibel requiere tantas adaptaciones que cuesta casi 6000€.

Cuando decidimos que ya era el momento de conseguir una silla para Daibel, él no cobraba aún la dependencia, acababa de entrar en el servicio de cuidados paliativos y, como habíamos decidido que las terapias las haría en casa, nosotros debíamos costearlas. Así que teníamos que ver de dónde narices sacábamos el dinero para pagar la sillita.

Puedes pedir una ayuda a la Comunidad de Madrid, con la que consigues una subvención que paga una parte (en torno al 50% de la silla). Pero esa ayuda llega años después. Mientras tanto, la silla debe quedar pagada a la ortopedia. A no ser que solicites lo que llaman ‘endoso’, un trámite mediante el cual, quien recibe la ayuda de la Comunidad de Madrid no es el solicitante, sino la ortopedia. Esto significa que es ésta quien espera dos años a recibir el dinero público y no la familia. Y también significa que no todas las ortopedias pueden asumirlo, por lo que no todas lo hacen.

Aún con el endoso concedido, el desembolso seguía siendo muy grande. Desde la ortopedia nos sugirieron que pidiéramos una ayuda a la Fundación Sobre Ruedas o a Prójimo Próximo. Tras hablar con el servicio de cuidados paliativos y la Fundación Porque Viven, con la que colaboran estrechamente, decidimos solicitar la ayuda a Prójimo Próximo.

Esta fundación se dedica a “Ayudar, a personas con discapacidad física, psíquica y/o sensorial, que por su falta de recursos económicos, no pueden afrontar por sí solas las necesidades básicas de su vida diaria”.

 

Un montón de ayuda

Al final, una parte de la silla se pagó gracias al endoso, otra parte a la fundación Prójimo Próximo y otra más pequeña la asumimos nosotros con ayuda de nuestros familiares.

Pero no sólo el respaldo económico fue un alivio. Para mí, la ayuda de más valor fue la de las personas. Que el dinero llegase de diferentes fuentes suponía hacer un montón de papeles. Por primera vez en este tiempo, apenas tuve que hacer trámites porque desde la ortopedia y las fundaciones se encargaron de un montón de cosas. Dos trabajadoras de la ortopedia y tres trabajadoras sociales de las fundaciones (Porque Viven y prójimo Próximo) trabajaron para conseguir los informes médicos, técnicos y sociales necesarios. Contactaban entre ellas para coordinarse y agilizarlo todo. Yo no tuve que desplazarme para entregar nada. La silla llegó a mi casa en cuanto hubo confirmación de las ayudas y se la adaptaron al tamaño de Daibel. Cuando necesita algún reajuste, contactamos de nuevo con la ortopedia y se acercan a casa o al hospital, si tenemos consulta. Son todo facilidades.

También vinieron a casa desde la Fundación Prójimo Próximo a conocer a Daibel, ver la silla e interesarse por nuestra situación.

No os imagináis el alivio que para mí es todo esto. Nos cuesta mucho movernos. Es hasta peligroso, según como esté Daibel. Recibir toda esta ayuda, que nos lo pongan tan fácil, es maravilloso. Agradezco mucho a todas estas profesionales su gran trabajo y empatía.  Deseo que su ejemplo se extienda a otras instancias en las que no hemos tenido tanta suerte por el bien de los niños y niñas con necesidades especiales.

Publicado en Burocracia