Domingo, 27 Septiembre 2020 05:28

Hoy cumplirías 7 años

Hoy cumplirías 7 años. Qué pocos. Y ya no estás. ¿Sabes qué es lo que más me preocupa de todo? Olvidarme de algo. Por eso escribo, miro fotos y vídeos y uso tus cosas. Me aterra no acordarme algún día de cómo eras, de cómo olías, de cómo era tu ropa, de cómo dormías, de cómo llorabas, de como reías, hasta de cómo se usaban tus máquinas.

En este post voy a exponer algunas de tus últimas cosas, como forma de honrarte, de recordarte, de quererte. No son cosas precisamente alegres, pero no quiero olvidarlas y por eso voy a dejarlas por escrito.

 

Tú última foto

La última foto que te hice es un despropósito. No era para mí. Era para el médico. Para que viera lo hinchada que estaba tu cara por culpa de la infección que no superarías.
 
De vez en cuando me encuentro con esa foto en el mi móvil y me invade el dolor. Me recuerda que no estás y que tus últimos días fueron una basura. Pero no puedo borrarla. Es la última foto que te hice.
 
Lo último que te compré
 
Lo último que te compré fue un aceite para darte masajes, activar así tu circulación y conseguir que te deshincharas. Sabía que que lo usaría una o dos veces. Así fue.
Fui a comprar el mejor aceite ecológico a una tienda que estaba un poco lejos. Pero yo necesitaba caminar y que mi amiga me acompañara.
Ahí está, en su caja, donde antes estaban tus cosas. Lo he usado un par de veces para mí. No puedo tirarlo o dárselo a otra persona porque es lo último que te compré. ¿Qué hago si se gasta?
 
La última vez que te porteé
 
No recuerdo cuándo fue la última vez que te porteé y eso me mata. No tengo ni idea, por más que lo pienso... Llevaba mucho tempo sin hacerlo, eso seguro, pero no recuerdo la última vez. Odio no poder acordarme.
Estar en contacto es más importante que portear. Eso lo hacíamos a diario. Y sí me acuerdo de la última vez que te abracé, claro.
 
 
Lo último que te regalé
 
El último regalo que te hice es una planta que a la vuelta de vacaciones me he encontrado mustia y estoy que me subo por las paredes.
La compré para el día de Reyes, para que hubiese algo que llevara tu nombre. No necesitabas nada nuevo y le pedimos a la familia que no te comprara nada. En el último momento, necesité que algo llevara tu nombre y compré una planta que no verías ni tocarías. Sólo llevaría tu nombre y yo me sentiría mejor.
No sé si voy a conseguir salvarla, pero es un activador de ansiedad ahora mismo. Necesito que siga viva.

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