Lunes, 28 Octubre 2019 07:17

Balance tras tres años en Monetes. Lo que me aporta mi trabajo

Hoy es el último día que Monetes abre su tienda física. Mantenemos abierta la tienda online y seguimos dando servicio de asesoramiento de porteo y sillas de coche como agentes en la zona de Rivas y la sierra de Guadarrama. Hablo en primera persona de plural porque soy la única empleada que se mantiene en plantilla. Esto me tiene desconcertada. No me puedo quejar porque sigo teniendo trabajo, pero siento una pena inmensa por el cierre de la tienda física.

No hay una única razón para este cierre. Jeni, la dueña, lo ha explicado aquí en detalle. En resumen, los márgenes del sector son muy ajustados, nuestros sueldos son dignos, para mantenerlos, hay que vender mucho y lo hacemos, pero a costa de que el desgaste de Jeni sea insostenible. 

Monetes es para mí más que un trabajo. Yo fui clienta antes que empleada. He hecho mío el proyecto y me siento muy frustrada por no haber conseguido que funcionara. Monetes es un referente en España para la crianza respetuosa y perder buena parte del contacto directo con la gente es un asco. Además, Monetes me saca de casa.

Aún con todo, me quedo en una situación muy favorable y me agarraré a eso para sacar la motivación que ahora me falta. En otro momento os contaré por qué soy yo la que se queda y no otra compañera, ya que, paradójicamente, la situación de Daibel es lo que lo hace posible.

Como balance, hoy quiero contarte qué me han aportado estos tres años en la tienda física, más allá de lo económico y los aprendizajes propios de la profesión. Y es que también ha sido una oportunidad de crecimiento personal, con mucho trabajo interno.

Como en todos los trabajos, hay cosas buenas y cosas malas. El trabajo en Monetes no es un idilio constante. Hay ciertos aspectos de mi trabajo que me encantan y me apasionan y otros que me resultan tediosos o, incluso, devastadores. De estos últimos no queda otra que aprender.

Aquí va mi lista de cosas que me ha aportado mi trabajo en estos tres años:

Menos prejuicios

Trabajar asesorando a familias de todos los tipos es una cura de humildad enorme. No juzgar es una de nuestras máximas en el trabajo y comencé hace tres años teniéndolo muy claro, pero aún de vez en cuando, me topo con situaciones que me hacen replantearme mis propios prejuicios. Es trabajoso darse cuenta y volver a la casilla de salida, pero también es un aprendizaje estupendo. Lejos de culparme, cada vez que detecto en mí un prejuicio, me felicito por haberme dado cuenta y tener la posibilidad de remediarlo.

Menos comparaciones

Creo que tener un hijo como Daibel te puede llevar fácilmente a compararte con otras familias y sentir que lo que nos pasa es injusto. Tener envidia, vaya. Por alguna razón que no sé explicar, esto es algo que creo que me ha pasado poco. Desde que nació Daibel, lejos de frustrarme al estar con otras familias de mi entorno, he disfrutado mucho con ellas. Jugar con los hijos de los demás ha sido sanador para mí.

Pero no voy a negar que en ciertos aspectos la cosa no ha sido tan fácil, como puede ser la lactancia. Yo veía a madres con hijos sanos a los que no daban el pecho por decisión propia y no porque hubiese habido ninguna complicación, y me sentía muy frustrada porque yo quise hacerlo y no hubo manera. Esta forma de verlo, además de prejuiciosa, era muy dañina para mí porque me estaba comparando. El contacto constante con familias hace que esto desaparezca si quieres irte a casa con la cabeza en su sitio.

Menos sensación de ‘no madre’

Os voy a contar una cosa muy curiosa. Durante el primer año de trabajo en Monetes, cada vez que atendía a una familia con recién nacido, se me erizaba la piel y los ojos se me humedecían. Me resultaba muy emocionante tener un bebé cerca y, aunque era una sensación bonita, no era cómoda para trabajar.

Yo relaciono esta reacción con la sensación de ‘no madre’ que experimentamos algunas mujeres que tenemos hijos con necesidades especiales y que vemos deshecha nuestra idea de maternidad preconcebida. Cuando veía a un bebé sano, me daba mucha alegría por la criatura y su familia y me invadía esa emoción.

Poco a poco, esa sensación se ha ido calmando, normalizando y, creo yo, siendo más sana y ayudándome a comprender cuál es mi sitio. Eso sí, la sensación angustiosa cuando atiendo a una familia con un peque con necesidades especiales no se va. Por muy pequeña que sea la cosa, siento cómo contengo la respiración al hablar con esa familia. Trato de dar lo mejor de mí y comprobar si algo de mi experiencia les puede ayudar, pero lo hago con un palo que me endereza la espalda, por no decir otra cosa.

Menos miedo a los cambios

Los grandes problemas de ansiedad que he tenido derivan de mi miedo a los cambios. Tener un hijo como Daibel y trabajar en Monetes es una cura brutal para esto. En Monetes las cosas cambian todo el tiempo, a diario. Desde cómo realizamos cada tarea, a cómo organizamos el espacio, pasando por los productos que vendemos. Es una adaptación constante. Así que, si no quería volverme loca con cada cambio, más me valía espabilar.

Para esto, Jeni, la jefa, es una maestra. Ante algunas situaciones complicadas, yo me habría bloqueado, pero ella siempre ha visto la necesidad de hacer cambios. He aprendido mucho de ella en este aspecto, si bien su energía de torbellino me ha vuelto loca más de una vez.

Menos culpa, menos responsabilidad

Durante los primeros meses en Monetes me impuse a mí misma mucha presión por hacerlo todo perfecto. Cada vez que cometía un error me machacaba y lo vivía con mucho desánimo. No tardó mucho en cambiar mi visión sobre esto y fue maravilloso, por liberador, y porque pude trasladar el aprendizaje a otras facetas de mi vida.

Yo me esfuerzo mucho en dar lo mejor de mí y en que las cosas salgan bien, pero, de vez en cuando, algo se tuerce y no me culpo por ello. Analizo la situación, valoro si hay algo que pueda hacer para arreglarlo o aprender para la siguiente, pero no me machaco pensando en cómo debería haberlo hecho para no cagarla. Hubo un día que entendí que no todo era responsabilidad mía y decidí que sería así para el resto de cosas de mi vida. 

Más seguridad en mí misma

Esto es algo que con los años ha ido mejorando, pero, desde la primera llamada de Jeni para ofrecerme el trabajo, ya apareció. Desde que Daibel nació y, sobre todo, cuando inicié el blog, me invadía la sensación de síndrome de la impostora. Creía que yo no era quien para hablar sobre crianza respetuosa y apego, ya que mi contacto con esta manera de entender la relación con los hijos era reciente y poco experimentada. Me sentía pequeña ante otras madres, cuyos hijos eran de la edad de Daibel. No ayudaba la sensación de ‘no madre’ de la que os hablaba antes.

Aquella llamada de Jeni hizo que cambiara mi visión por completo. Una persona que para mí era un referente me ofrecía un trabajo en el ámbito de la maternidad y la crianza respetuosa. No podía ser que yo fuera tan buena impostora, tenía que ser que yo valía para esto.

Con el tiempo, he ido adquiriendo más conocimientos y seguridad y a menudo me sorprenden y enorgullecen las soluciones que les doy a las familias cuando las asesoro. Es un gusto sentirse así.

Más estilo

Ya os conté en el blog que cuando comencé a trabajar en Monetes venía de pasar tres años en pijama y sentía que la ropa que tenía no iba conmigo para nada. Al empezar a trabajar allí, por primera vez me permití comprarme ropa que de verdad encajara conmigo y no con la imagen que se suponía que debía dar. Este fue el origen de mi armario cápsula

Más personas maravillosas

Era obvio que este apartado aparecería. Trabajo con personas encantadoras, de las que aprendo un montón y con las que puedo compartir cualquier cosa. Muestran una comprensión y una empatía enormes ante nuestra situación familiar. También me cruzo con clientes y prefesionales que imparten las actividades con quienes siento una conexión especial y hacen que sea un gusto ir al trabajo.

De entre mis compañeras, se merece mención especial Rebeca, con quien me entendía muy bien y lo pasaba genial, y de la que aprendí una barbaridad. No creo que sea consciente de cuánto me ha enseñado sobre amor propio y seguridad en una misma.

 

¡Madre mía! Releo todo lo que he escrito y me parece mentira. ¡Qué cantidad de aprendizajes! ¡Qué oportunidad de crecimiento personal me ha traído Monetes! Todo esto tiene un valor que no se puede calcular con dinero.

Al menos todo esto no lo pierdo, se quedará conmigo para siempre y estoy segura de que en esta nueva etapa exprimiré nuevos aprendizajes. 

 

¿Qué aprendizajes te trae tu trabajo? ¿Te has parado a pensar qué te aporta más allá de lo económico?

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