Sábado, 09 Julio 2016 10:54

Danzar en tribu

Durante 8 años tomé clases de danza del vientre con Harizsa. Me encantaban, me entusiasmaban. Tuve la mejor de las profesoras, que me enseñó esta danza milenaria muy al detalle, dándome la oportunidad de aprender a bailar con casi todos los elementos que la acompañan (velo, alas de isis, crótalos, bastón, abanicos, sable…) y diferentes estilos (danza clásica egipcia, tribal, andalusí…). Se me daba bien y aprendía rápido. Parecía que esta danza estuviese dentro de mí desde siempre. Sustituí a Harizsa en algunas de sus clases, durante alguno de sus viajes, en su baja maternal, etc. Alguna vez me ofrecieron impartir clases más en serio, pero yo nunca quise. No quería convertir mi hobby en mi trabajo y, además, me parecía poco serio dedicarme a ello profesionalmente cuando en realidad yo no tengo una verdadera formación. Cuando Daibel nació dejé las clases. Eran en Móstoles y yo ya no podía desplazarme hasta allí. Dejé de bailar durante dos años y lo echaba mucho de menos, pero no veía la forma de retomar las clases, ni siquiera en Rivas. Un día recibí un mensaje de una usuaria del Banco del Tiempo de Rivas (BdT) diciéndome que quería aprender a bailar danza…
Desde que me quedé si trabajo en el verano de 2012, me propuse hacer la mayor parte de los regalos a mano. Así, ahorraría costes y serían presentes muy especiales y hechos con mucho cariño. No lo tenía fácil porque siempre se me habían dado mal las manualidades. Todavía recuerdo mis primeras creaciones… unas macetas hechas con los botes de leche en polvo que tomaba Nora, la hija de unos amigos. Eran un churro, pero yo estaba orgullosísima de poder hacer algo con mis propias manos. Seis meses después de aquella decisión, me quedé embarazada y ahí arrancó mi creatividad, que está desbocada y que me lleva por caminos insospechados, como ya te conté aquí. Haré otros post con ideas para hacer regalos hechos a mano, pero en este me voy a centrar en los mandalas, que han sido el regalo que he hecho a muchos de mis allegados en el solsticio de invierno. Como ya te he contado por aquí y en redes sociales, me he aficionado a hacer mandalas porque es una actividad muy relajante, que me ayuda a calmarme. Suelo hacerlos cuando me siento acelerada. En este enlace puedes leer más sobre los beneficios de esta técnica…
La red está plagada de artículos que insisten en la importancia de que no se separe al bebé recién nacido de su madre durante las horas posteriores al parto. Desde luego que es muy importante, y lo es por las siguientes razones: Beneficios de mantener juntos al bebé y su madre Facilita el inicio de la lactancia El contacto con la madre le aporta las primeras defensas al bebé Ayuda a la expulsión de la placenta Favorece el vínculo entre madre e hijo Ayuda a calmar al bebé tras pasar del medio líquido al aéreo Es un derecho de los bebés presente en la Carta Europea de los niños hospitalizados ¿Qué puede pasar si os separan? Aumento del estrés en el bebé y la madre Dificultad en el bebé para regular temperatura y otras constantes vitales Más probabilidades de que la lactancia fracase Mayor riesgo de contagio de enfermedades por estar en contacto con bacterias distintas a las de la madre. Afectación al desarrollo neurológico del bebé Muchas mujeres embarazadas somos plenamente conscientes de esto en el momento del parto. Por ello, la separación de nuestro bebé a causa de su estado de salud nos genera mucha ansiedad y frustración.…
Daibel estuvo dos meses hospitalizado tras el nacimiento. Al darle el alta, mi familia tenía dos labores importantes que realizar. Debíamos retomar nuestra vida tras un parón considerable en el que yo sentía que me había perdido el otoño; y también teníamos que elaborar una nueva rutina con Daibel en nuestras vidas. Dos tareas que no eran excluyentes y dependían la una de la otra. La primera fue fácil. Integrar a Daibel en nuestro día a día no costó nada. Hacíamos prácticamente lo mismo que antes de que él naciera en cuanto a ocio se refiere, a pesar de que él va enganchado a dos máquinas y cables. Le integramos con facilidad y valentía en nuestras actividades, lo que creo que le viene muy bien. Más difícil sería asumir que Daibel tendría que asistir a un sinfín de citas médicas y sesiones de terapia. Consultas en las que las informaciones sobre su estado salud y los tratamientos que requería caían como una losa sobre mis emociones y me hacían tambalearme y dudar en muchas ocasiones. Cuando Daibel tenía cinco meses volví a sentirme agobiada. Aún siendo tan pequeño, mi hijo tenía muchos deberes. Tenía tres terapeutas que nos indicaban qué…
Página 3 de 4