Martes, 08 Enero 2019 09:35

Un Bullet Journal que cambia vidas

Desde hace casi una año me organizo con Bullet Journal (BuJo de ahora en adelante) y afirmo rotundamente que se ha convertido en uno de mis favoritos de 2018. Dudo que vaya a cambiar de método de organización en mucho tiempo, puede que nunca.

Por si no conoces esta herramienta, te cuento . El BuJo es una libreta en la que vas creando tu propia agenda. Es un sistema ideado por Ryder Carrol que ha encandilado a multitud de personas de todos ámbitos pofersionales y diversos estilos de vida.

En redes sociales hay una gran comunidad que usa el BuJo como herramienta de expresión artística y creativa, haciendo verdaderas obras de arte. En este sentido, me gustan mucho los canales de  The Flower Journal, Dalia Journals (y anteriormente Rincón de Dalia), AmandaRachLee y ChristineMyLinh. También he aprendido mucho de Chirstine Hug, quien no emplea el BuJo de forma tan creativa, pero el uso que le da se parerce mucho más al mío.

El BuJo, en origen, no fue creado para ser un medio en el que canalizar la creatividad artística. Más bien todo lo contrario. La idea era crear un espacio lo más sencillo posible y libre de ruido, que albergue lo verdaderamente importante para la organización y la productividad. Pero la gracia del BuJo es que es personalizable y, aunque esta vertiente creativa no haya respetado el objetivo originario, cada una lo emplea como quiere, le da importancia a lo que le parece y, en definitiva, refleja su estilo.

 

Cómo empecé

Me adentré en el mundo del BuJo a la vez que en el minimalismo. Y es que me di cuenta de que usaba cuatro libretas diferentes para organizarme: una agenda para temas de trabajo y médicos de Daibel, otra para las cosas de casa, otra para reflexiones y aspectos más personales que de vez en cuando me da por escribir y otra para bocetar y hacer listas de cualquier cosa, como las de la compra, por ejemplo.

Estaba deseando encontrar una forma de unificar esas cuatro libretas en una sola. Aunque estaba enamorada de mi agenda, no tenía los apartados necesarios para poder usarla para todas estas cosas, a la vez que tenía unas cuantas páginas, ya diseñadas, que a mí no me servían para nada.

Estaba claro que lo que me permitiría hacer es unificación era el BuJo, pero, acostumbrada a ver por las redes aquellas obras de arte, pues se me hacía un mundo. Cuando me estaba picando el gusanillo compartí este vídeo de Solitude of Alanna en el que cuenta cómo lo usa ella y me quedé maravillada. Era una preciosidad. Yo no podría hacer eso, no tengo ese arte. Pero sí vi la posibilidad de usar el BuJo como yo quisiera, con los apartados que yo realmente necesitaba y no con los que ya vienen diseñados en una agenda preformada.

Inciso. No estoy diciendo que las agendas o planificadores preformados no sirven para nada. No me sirven a mí ahora. Pero los he usado mucho y me han ido de maravilla. También creo que el BuJo no es una herramienta útil para todo el mundo.

Lo que más me frenaba a mí para comenzar con el BuJo era el tiempo que hay que invertir en configurarlo. Pero, dependiendo de cómo lo uses, esa inversión de tiempo puede ser insignificante si, por ejemplo, lo vas creando al día y sólo los días que lo necesitas. Éste no es mi caso. Yo, una vez al mes, me siento y configuro todo el mes del tirón. Y lejos de resultarme tedioso, se ha convertido en uno de los momentos más placentero del mes, en el que me siento totalmente concentrada a hacer algo que me encanta. Resulta que es un tiempo para mí y que, además, ha tenido una repercusión enorme en mi productividad. Ese rato no es tiempo gastado, sino invertido. Muy bien invertido. Ahorro tiempo al no tener que consultar cuatro libretas diferentes, por ejemplo; al tener menos libretas, también tardo menos en ordenar el escritorio; y, la herramienta en sí, como método de organización y productividad me funciona a las mil maravillas. Ahora os pongo ejemplos.

 

Cómo me organizo

Como ya he comentado, una vez al mes me siento y configuro el siguiente mes. He de reconocer que mis meses tienen muchas páginas, creo que más de lo habitual. Es lo que tiene venir de cuatro libretas y que verdaderamente funciono muy bien a base de tachar cosas de listas.

Primero hago el mes vista, donde apunto eventos y citas, y dejo un espacio en la hoja para plantearme los objetivos del mes. Mis prioridades.

bujo2.jpg

 

Después preparo las semanas. El primer mes que usé el BuJo empleé 4 distribuciones semanales diferentes para probarlas y ver con cuál me quedaba. Ganó ésta, en la que todos los días ocupan lo mismo. Me molestan los diseños en que los fines de semana son más pequeños, ya que, precisamente, en sábado y, sobre todo en domingo, es cuando más cosas hago. Y la verdad es que yo me lo apunto todo. Desde proyectos del trabajo (divididos en tareas muy pequeñas, por lo que se crean listas de varios items) hasta las cosas que hay que hacer en la casa (barrer, lavadora de no sé qué color, descongelar algo para poder cocinar....).

bujo3.jpg

En la parte superior de cada día, dejo un espacio para anotar el diamante del día, lo que es más importante. Ya os hablé de ello en redes sociales hace casi un año. La semana que viene lo dejaré todo explicado en otro post del blog.

El apartado de notas lo uso para registrar el número de horas de trabajo que hago en casa y un pequeño control de hábitos. También apunto la lista de la compra.

 

Mis colecciones

Tras las semanas, viene lo que en el mundo BuJo se llaman colecciones. Son espacios para poder llevar un control de diferentes aspectos de la vida o planificar ciertos asuntos con más detalle. Aquí es donde yo me paso. Tengo unas colecciones fijas, que se repiten cada mes:

  • Cosas que molan: cada día apunto lo que más me ha gustado de la jornada anterior. Así valoro mejor lo que me pasa, ya que hasta en día malos encuentro momentos agradables. Mola leer la lista pasado un tiempo, ya que me hace recordar momentos que me encantaron.
  • Control de gastos: aquí sólo apunto los gastos que hago en efectivo fuera de casa. Una vez a la semana los voy pasando a un excel en el que llevo un control pormenorizado de todos los gastos e ingresos de la economía familiar. Esto llegó a la vez que el BuJo y os aseguro que ha marcado la diferencia en mis finanzas. Saber cuánto ingresas, cuánto gastas y en qué, da claridad y, en nuestro caso, ha hecho que el dinero cunda más.
  • Cosas de casa: este apartado me ayuda a llevar un control de las tareas que hay que realizar cada semana (algunas más de una vez) y otras cosas pendientes que se pueden realizar a lo largo del mes. También apunto la lista de comidas que voy a dejar preparadas los domingos (a veces también los miércoles) para el resto de la semana.
  • Menú mensual: semanalmente anoto las comidas y las cenas que vamos a hacer, teniendo en cuenta lo que ya tenemos en nevera, despensa y congelador. En base a esto hacemos la lista de la compra.
  • Daibeladas: este aparatado es importantísimo. Me hacía mucha falta. Todo lo que aquí anoto lo teníamos por ahí desperdigado en diferentes listas, libretas y papeles. Ahora está mucho más organizado y siempre sé dónde encontrar la información que necesito.Cuando vienen los médicos a casa siempre hacen muchas preguntas que a veces no estaba segura de cómo responder. Por ejemplo, ‘¿cuándo fue la última vez que le cambiamos la sonda?’. Pues yo no sabía responder con seguridad. Ahora sí porque se queda anotado en observaciones. Me sirve también para informar a los médicos que vienen a verle de cosas que hemos observado; anoto los cambios que me proponen y las dudas que tengo para la próxima visita; llevo un control de qué cosas hemos hecho y cuáles no, de sus horas de sueño nocturo (tema importante por su epilepsia), de su peso (fundamental para saber hasta qué dosis de medicación se puede llegar)... Llevamos muchos cambios en la medicación con el fin de controlar la epilepsia y apuntar las cosas que observamos, las fechas en las que se cambian las dosis de los medicamentos o lo que sea, nos aporta mucha información a nosotros y los médicos para poder tomar decisiones.
  • Monetes: colección en la que organizo reuniones, entrevistas y proyectos para el mes en curso del trabajo.

bujo4.jpg bujo5.jpg bujo6.jpg bujo7.jpg

Además de estas colecciones, siempre añado alguna más relacionada con el mes en el que estamos. Por ejemplo, el mes pasado tuve dos colecciones extra, una para organizar las celebraciones de Navidad y de mi cumpleaños y otra que me sirvió como reflexión para el cambio de año. Otros meses en los que he tenido vacaciones, por ejemplo, me he hecho una lista de las cosas que quería hacer; o, si me ha tocado hacer muchos papeles (como me pasó a principio de curso), he creado una colección para ello. Cada mes, lo que necesite.

Por último, están las colecciones atemporales, aquellas que no se corresponden con un mes determinado. Aquí hay un poco de todo, desde listas organizativas a cosas que simplemente me han gustado y las anoto o dibujo para guardarlas y tenerlas localizadas. Os pongo algunos ejemplos:

  • Proyecto biblioteca: voy una vez al mes, anoto los libros que me llevo, la fecha de devolución y los puntúo cuando me los leo.
  • Una infografía sobre las partes y tipos de hojas
  • Otra con la clasificación de las hojas de las plantas de mi huerto
  • Recetas de cocina que quiero realizar
  • Una colección con la canción que le hemos hecho a Daibel
  • Cosas que leer, ver, escuchar o buscar que la gente me recomienda
  • Listas que encuentro por ahí que me gustan, como por ejemplo, ‘10 pasos funamentales para organizarte mejor’, de Azucena Caballero.
  • Recetas de productos caseros de higiene, cosmética y limpieza.
  • Una colección con ideas de tipos de letras bonitas y decoración de títulos

 

Las posibilidades de colecciones son infinitas. En redes podéis encontrar muchísimos ejemplos que se ajusten mejor a lo que necesita cada una.

 

Espacio para la creatividad

Como os decía, el BuJo no está pensado, en origen, para ser un espacio en el que ser creativo. Pero, en mi caso, lo es en parte. Tengo la intención de aprender a dibujar, pero me resulta complicado encontrar tiempo para ello. Sin embargo, el BuJo se ha convertido en un espacio en el que, sin necesidad de ser constante, puedo ir dibujando cosas sencillas cuando encuentro un rato libre, sin pretensiones ni obsesiones. Es por ello que, por ejemplo, intento hacer títulos bonitos, con una decoración muy sencilla, pero que me hace practicar. Y también dejo un espacio cada mes para dibujar una portada que me guste.

 

Esto es todo lo que os quería contar de mi BuJo. Si has llegado hasta aquí es posible que estés pensando que soy una súper mujer, que llego a todo o, incluso, que lo tengo todo demasiado controlado. Déjame decirte, en primer lugar, que no es verdad, que no llego a todo y las cosas se me descontrolan, como a todo el mundo. Pero, también es verdad que, por un lado, he mejorado mucho mi productividad y, por otro, tolero mucho mejor que antes los descontroles. El BuJo es una herramienta que me ha ayudado mucho a mejorar mi productividad, pero antes ha habido un cambio de mentalidad que te conté aquí. La clave no ha estado en organizar mejor la cantidad de cosas que hago, sino en hacer menos cosas y después organizarlas mejor. Primero he simplificado mis tareas y luego les he dado orden y sentido, ayudada por el BuJo.

 

¿Usas Bullet Journal? ¿Crees que es una herramienta para ti? ¿Qué otros métodos de organización te han funcionado?

Publicado en Salud emocional
Lunes, 12 Noviembre 2018 09:04

¿Soy minimalista?

Lucía Terol, minimalista que puedes encontrar en Sencillez Plena, diría que el minimalismo no tiene que ver con el número de objetos que tienes, sino que es más bien una actitud y creo que ella misma me diría que estoy en el camino del minimalismo. Sigo teniendo muchos objetos, pero he reducido mucho en lo material y lo inmaterial en los últimos meses. Hay ciertos aspectos que he descubierto del minimalismo que encajan conmigo y los quería compartir por si a alguien más le inspira.

Cómo empezó todo

Es muy curioso cómo ha sido todo el proceso que acaba conmigo escribiendo este post. El detonante surge cuando nos vemos en la obligación de plantearnos un cambio de casa. No nos queremos mudar, pero ciertos acontecimientos pueden llegar a forzar que cambiemos de domicilio. Es algo que comenzamos a hablar hace más de un año y, como era una posibilidad real, nos pusimos a buscar casas. En ese momento, lo vi claro: no quiero vivir en una casa grande. Cuanto más grande, más trastos y más tiempo invertido en limpiar y ordenar. Mi prioridad no es esa.

Aún sabiendo que una casa con las dimensiones de la actual es suficiente y que no me quiero mudar, no me encontraba del todo bien en mi propia casa por estar siempre desordenada y no precisamente limpia.

Cuando comencé a trabajar, en septiembre de 2016, sumado a que Daibel entró en una fase de trastorno de sueño bastante gorda y que duraría meses, mi casa se sumió en el caos. Disponíamos de menos tiempo para dedicárselo a la casa, estábamos agotados y no encontrábamos la energía para ordenar, limpiar, cocinar… Lo de no dormir es una tortura.

Pasó otra cosa. Yo llevaba 3 años sin trabajar, por lo que habíamos reducido muchísimo nuestro consumo. Desde mi primera nómina, comenzamos a comprar cosas que necesitábamos o deseábamos y que habíamos dejado aparcadas hasta aumentar nuestros ingresos. El problema fue que entraban cosas a casa, pero nada salía. Y, sinceramente, ha habido compras innecesarias. Así, las casa se iba llenando y llenando de cosas que no encontraban un lugar determinado. La habitación pequeña se convirtió en un trastero caótico. Cuantos más trastos, más difícil es limpiar, por lo que el caos se iba apoderando de nosotros.

Comencé a hacer pequeñas limpiezas de cosas que ya no usaba. Para mí fue fácil empezar por mi armario. “Destrasteaba” la habitación del caos a menudo, pero siempre volvía a desordenarse. La razón es que cambiaba las cosas de sitio, pero no sacaba de casa las que no eran necesarias.

En verano de 2017, redescubrí a Azucena Caballero, experta en productividad, organización y emprendimiento. Compré su libro ‘Organiza tu hogar en 30 días’. Me propuse seguir sus consejos, aunque adaptándolos un poco a nuestras circunstancias. La verdad es que no funcionó, pero plantó una semilla en mí, eso lo tengo claro. El libro de Azucena Caballero es un gran recurso que le ha cambiado la vida a muchas personas. Yo me he quedado con algunas de sus propuestas, pero lo cierto es que el método no terminaba de encajar conmigo o, al menos, en ese momento. Ahora que, mediante otros recursos, he conseguido vaciar mi casa de trastos, descubro que hay más cosas de la propuesta de Azucena que soy capaz de aplicar.

Paralelamente, iba leyendo y viendo vídeos sobre organización y productividad. Anotaba lo que me gustaba, pero no terminaba de encajar todo.

El punto de inflexión

En septiembre de 2017, con el inicio del curso, me propuse conseguir que mi casa estuviese limpia y ordenada, pero el 8 de ese mes Daibel fue hospitalizado en estado grave y ya todo cambió. De hecho, para que Daibel pudiera volver a casa, teníamos que cambiar parte del mobiliario y deshacernos de cosas que ya no iba a usar para dejar espacio a otras nuevas que venían con él. Durante tres días, antes de su alta, estuve preparando la casa, limpiando, ordenando, sacando y metiendo. Fue la primera limpieza real desde que comencé a querer un cambio en mi casa y, aun así, sentía que no era suficiente.

Su alta y estos meses en casa, han supuesto en mí una gran trasformación. Su situación de salud es muy delicada, lo que supone, entre otras cosas, que casi no salimos de casa y tenemos las visitas muy restringidas. Pasamos mucho tiempo en nuestro hogar y necesitaba sentirme bien en él.

Más allá de lo material

La situación de Daibel es tan complicada, que sentí la necesidad de simplificar otros aspectos de mi vida para eliminar tanto ruido y poder centrarme en lo que para mí era importante. Me salí de un montón de grupos de Whatsapp y Facebook, dejé de seguir algunas páginas e hice limpieza en mis amistades digitales, decidí que ciertos aspectos del trabajo no eran responsabilidad mía y que no iba a dejar que los compromisos sociales se comieran mi tiempo.

Cuando todo eso se aclaró, de pronto, dando una vuelta por YouTube, acabé en el canal de Adriana, de Minimalistamente. Quedé fascinada porque, vídeo a vídeo, le iba poniendo nombre a todo lo que me había ido sucediendo. YouTube me iba recomendando vídeos relacionados y así acabé en el canal de Lucía Terol, de Sencillez Plena. Ella me proponía profundizar mucho más en todo este proceso desde un punto de vista emocional. Y ahora, sí que sí, sentía que tenía los recursos que necesitaba para ponerme manos a la obra.

En enero de este año tuve unos días de vacaciones y me centré en ordenar mi casa. Salieron muchos, muchísimos trastos. Cada viaje, con el coche lleno de basura y objetos para donar me hacía sentir una paz inmensa. Fue absolutamente liberador. Y que sepáis que es esto engancha.  A lo largo del año he seguido haciendo revisiones y reduciendo nuestras pertenencias. Y reduciría mucho más, pero los acuerdos de convivencia con Elpadredelacriatura no lo permiten, jeje.

Me siento especialmente a gusto con mi armario, que se ha convertido en un armario cápsula. Mi ropa ocupa menos de la mitad que antes, sólo hay prendas que me encantan y las uso todas. Todo lo demás, desapareció.

minimalismo2

Éstas son mis camisetas de manga larga para todo el año

He conseguido, por primera vez en mi vida, que mi casa esté limpia (según mi criterio, hay muchas personas que no estarían de acuerdo conmigo XD) y ordenada la mayor parte del tiempo. Porque sí, a veces se me descontrola la cosa y sé que la razón está en que sigue habiendo demasiados objetos y pensamientos a mi alrededor. Pero bueno, el camino hasta aquí ha sido muy revelador y sé que estoy donde quiero estar. ¡¿Tú sabes qué gusto?!

Publicado en Salud emocional