Martes, 20 Octubre 2020 06:37

Arteterapia: proceso de metamorfosis a través de las fases de la Luna

Los procesos terapéuticos a través del arte y la creatividad me han acompañado desde que me quedé embarazada de Daibel. Os he hablado bastante de ello en estos años. Unos ejemplos: este post sobre cómo crear mandalas o éste de manualidades para tiempos de crisis.

Hoy quiero contaros el proceso de arteterapia más potente que he realizado. Lo es por dos razones: porque fue tras la pérdida reciente de mi hijo y porque lo he hecho con el acompañamiento de una profesional, Itahisa Mateo, de Proyecto Amarte.

Durante el confinamiento, desde la Asociación Cultural Convive, estrechamente relacionada con el Colegio Siglo XXI de Moratalaz, se nos dio la oportunidad de participar en un taller de arteterapia gratuito. Una amiga me pasó la información y desde el primer momento me atrajo la idea. Dediqué un tiempo a pensar si era algo que me encajaba en ese momento. Estábamos en abril. No paraban de surgir propuestas de entretenimiento, ejercicio, videollamadas… Había mucha sobrecarga ya y yo quería pensármelo bien. Además, ¿estaba dispuesta a atravesar el dolor que seguramente el taller me traería? La respuesta fue claramente un sí. Finalmente decidí apuntarme. Había sólo 20 plazas y me correspondió una. Me hizo tanta ilusión que lo viví como si me hubiesen dado una beca que deseaba mucho. 

 

Cómo fue el taller

En el blog del colegio contamos cómo se desarrolló el taller a grandes rasgos. Duró 5 semanas y, cada una de ellas, Itaisha nos propuso tres tipos de ejercicios: dibujo de formas, elaborar una fase de metarmososis con un elemento de nuestra elección (yo elegí la Luna) y una actividad creativa.

No fui capaz de realizar las propuestas de dibujo de formas. No era mi momento y, a la vez siento que es lo que más necesito. El dibujo de formas me puso de frente mi autoexigencia, mi impaciencia. No me relajaba nada, todo lo contrario, por lo que me provocaba mucho rechazo. Era incapaz de fluir con las formas. Estaba verdaderamente atascada. Deseo poder retomar estos ejercicios, aparentemente sencillos, pero que tanto me removieron.

Las actividades creativas, pensadas para que nos soltásemos y nos dejásemos llevar, me resultaron muy interesantes. De nuevo me las llevé a un terreno más intenso. Desde que Daibel murió conecto mucho con él a través de las cosas que creo y estos ejercicios me llevaron por ese camino. Así que eso de soltarse y divertirse, no fue del todo conmigo. Pero sí hice grandes descubrimientos que, aunque reflexivos e incluso dolorosos, me aportaron mucha claridad. En las próximas semanas, en redes sociales os mostraré alguno de esos trabajos.

 

La metamorfosis

Hoy de lo que quiero hablaros en profundidad es del ejercicio que más disfruté, en el que más empeño puse y el que más aprendizaje me trajo: la metarmosfosis. 

La propuesta era que escogieramos un elemento del cual pudiéramos representar cuatro fases. Podía ser una planta, una mariposa, una libélula, las estaciones… Yo me decidí por la Luna. En un primer momento, cualquiera que me conociera, habría pensado que yo escogería una planta. Fue mi idea inicial. Pero pensándolo un poco, la Luna me atrajo mucho más y me alegro mucho de haberme decidido por ella.

Dejando al menos una semana entre la elaboración de una fase y otra, fui  haciendo mis lunas. Después, escribía las palabras que me habían atravesado la mente mientras creaba. Además, Itahisa me acompañaba en mis reflexiones después de cada fase, ayudándome a poner palabras y sentido a lo que había creado.

 

Luna nueva

luna 1   luna 2

Empecé con la Luna nueva. Me pareció que debía empezar desde la nada, desde el vacío. Conectando con ese inmenso dolor que provocaba que mi hijo no estuviera conmigo. Realicé una composición con cera negra y recortes de papel. Creo que se ve claramente la rabia y la oscuridad que representa. El trazo marcado, caótico y poco definido de la cera no deja lugar a dudas.

Pero hay luz. Hay estrellas amarillas. Y no son pocas. Para mí, representan un nuevo comienzo con oportunidades a transitar. 

 

Luna creciente

luna 3   luna 4

La Luna creciente es un collage que hice sobre cartulina negra. Esto me permitía que las figuras tuvieran formas más definidas, rebajando la angustia que transmitía la primera composición.

Sigue habiendo mucha oscuridad, incertidumbre, a mi parecer, pero también muchas estrellas, esta vez agrupadas. Hay más orden.

 

Luna llena

luna 5   luna 6

La potencia de esta fase es brutal para mí. La Luna llena requería un cambio total de escenario. Le pregunté a Itahisa si estaba bien que cambiara totalmente de técnica y materiales. Ella me preguntó por qué quería hacerlo. Esta fase me pedía un cambio, una apertura, así que ambas pensamos que utilizar otro material era de lo más conveniente

Salió esta joya de la que se ha enamorado cada persona que la ha visto. Se trata de un mantel individual en el que he cosido fieltro y lana cardada haciendo una composición que rompe totalmente con lo creado hasta ese momento.

El mantel era de Daibel. Lo usábamos para dejar encima sus cosas (jeringas, sistemas de alimentación, gasas, sueros…) para que no se ensuciaran las superficies en las que lo depositábamos. Estos manteles están destrozados de todos los lavados que llevan, pero fui incapaz de tirarlos. A la vez, no me gusta quedarme con cosas suyas a las que no les vaya a dar uso. Así que me pareció el lienzo perfecto para esta creación.

Me salió un árbol, que para mí representa la familia, y una casa. Nuestra casa. Desde este momento, la casa como símbolo cobraría gran importancia en todo mi proceso de duelo. Pronto os contaré más sobre esto.

Dentro de que la composición sigue siendo oscura porque es un paisaje nocturno, es la que más luz tiene, ya que la luna está llena, sigue habiendo muchas estrellas y sale luz amarilla del interior de la casa. Este texto que publiqué en el blog hace casi un año explica por qué. 

 

Luna menguante

luna 7   luna 8

Cerré el proceso con la luna menguante. Qué apropiado. Recogerse cuando hay temporal es la mejor de las ideas. Tuve que pasar por todas las fases para darme cuenta de que ésta es la que más me representa ahora.

Vuelve a ser un collage, con una foto nuestra sobre acuarela, una técnica que no domino en absoluto, pero que me pareció idónea para representar la falta de control sobre todas las cosas. 

La foto no es cualquiera, claro. Es de la primera vez que fuimos al mar tras su fallecimiento. Aquel día estaba en todas partes: en cada grano de arena, en cada gota con sal, en nuestros abrazos, en nuestras lágrimas… 

Esa potente luz amarilla es suya. Nos guiará siempre y espero que ese camino lo hagamos siempre los dos juntos. Él nos ha enseñado cuáles son nuestras proridades y, cuando dudo, vuelvo a él y tengo la respuesta. 

 

Más arteterapia

Tras escribir este post me di cuenta de que me sentía estancada. Los ciclos de la luna son eso, ciclos, y como tales, nunca cesan. Siento que me quedé en la Luna menguante. Compartí mi reflexión y el texto con Itahisa. Ella me propuso retomar el trabajo de artetarapia para indagar de dónde viene ese bloqueo y tratar de deshacerlo. En ello estamos.

Yo tengo una idea de por donde vienen los tiros y es por la falta de aceptación de algunas cosas. No de la muerte de mi hijo en sí misma, pero sí de cuál es mi lugar en el mundo sin él. Llevo enfrascada en este tipo de pensamientos desde enero y estoy harta de mi propio discurso. De ello te hablaba hace unas semanas en redes sociales con esta imagen cuya creación fue también acompañada por Itahisa. Os dejo un extracto del texto que publiqué.

 labernto de espino

“(...)En la puerta de mi casa hay un laberinto de espino que no consigo cruzar. Lo intento muchas veces, pero el mundo de ahí fuera me parece de lo más hostil. Y no es solo una cuestión pandémica. Cada vez que salgo, me pego un buen arañazo, me encojo y vuelvo a casa para sentirme protegida.

Lo sigo intentando, porque ¿veis que hay luz? Al otro lado del laberinto hay luz. Y me llama. Cuando me recupero del arañazo, me siento con suficiente energía como para volver a cruzarlo. Me visto, miro si hace buen tiempo, pongo mis condiciones para salir, lo intento de nuevo y me vuelvo a herir. Otra vez para casa.

Ese es el resumen. El mundo va a una velocidad que yo no puedo asumir. No llego a subirme al tren. Necesito más tiempo, pero tengo poca paciencia. (...)

 

Gracias, Itahisa, por apoyarme en este viaje. Como tú bien nos dijiste, este proceso requiere que una profesional lo acompañe. Así que si alguien al otro lado de la pantalla cree que necesita un acompañamiento como éste, que no dude en ponerse en contacto contigo

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