Lunes, 21 Noviembre 2016 07:42

Terapias

Llevo casi 5 años llevando a Henar a terapias. Básicamente desde que nació, los 5 años que tiene ya de vida. Al principio me lo tomaba casi todo al pie de la letra. Desde el desconocimiento, el miedo, la esperanza. Intentaba una y otra vez aplicar las tácticas, guías y consejos que me iban dando los terapeutas. Reorganizar espacios, elaborar material, leer y leer. Y así llega una de las palabras más dramáticas de todo este proceso. Frustración. Maldita frustración. Bendita frustración. “No llego”, “no sé hacerlo”, “esto no sirve de nada”. En un periodo muy breve de tiempo te has de enfrentar a manuales, palabros nuevos y sobre todo a mucha, mucha dedicación y planificación. ¡Qué difícil! Dicen que las madres de niños con discapacidad nos volvemos unas expertas en casi todo. En medicina, enfermería, psicología… En todo, menos en ser “madres”. Esta es una sensación que comparto con otras madres del “gremio” y por la cual más y más me empeño en luchar para remediarla. Después de todo este tiempo creo que ya puedo decir que he aprendido a ser la madre de Henar. La madre de una niña con autismo severo. A desarrollar el rol de madre…
Hoy se cumple un año desde que mi padre recuperó su puesto de trabajo. La fábrica de Coca-Cola de Fuenlabrada se había pasado 20 meses cerrada. El 7 de septiembre de 2015 un grupo de unos 300 trabajadores y trabajadoras que habían estado luchando en la calle todos esos meses conseguían reabrirla y vencer a la multinacional. Sí, David contra Goliat. Un año después de aquel emocionante momento, la lucha no ha terminado. La fábrica está abierta, sí, pero no produce. Es un almacén fantasma. No hay trabajo efectivo. Mi padre recuperó su empleo, pero no hace lo mismo que hacía. Se tiró meses yendo allí a pasar el rato. Ahora tiene algunas tareas asignadas, pero no un volumen de trabajo que abarque para 8 horas diarias. A Coca-Cola no le da la gana acatar las sentencias judiciales –y ya van 3- que dicen que el ERE que perpetró es nulo y los trabajadores deben reincorporarse en su puesto de trabajo. Además, hay otras causas particulares abiertas y mañana mismo dos compañeros, Juan Carlos Asenjo y Alberto Pérez, acudiran a los juzagados de Getafe  acusados de amenazas y coacciones en un pleno municipal en Leganés. Una familia dolida pero unida…
Lunes, 05 Septiembre 2016 20:26

Un trabajo inesperado que me permite conciliar

Sí, has leído bien el titular. Tengo un trabajo nuevo en el que voy a poder conciliar familia y trabajo. No es una broma, no es brujería, es una oportunidad real. Hace unos días, me lleve una gran sorpresa. Jeni, dueña y asesora de porteo de Monetes me llamó para ofrecerme un puesto de trabajo en su maravilloso proyecto, del que me enamoré en cuanto lo conocí a principios de 2013, cuando aún no era madre ni sabía que estaba embarazada, aunque así era. Recuerdo perfectamente el primer día que fui a Monetes con mi amiga Sara y su hija Nora. Nos tiramos allí un largo rato maravilladas con las posibilidades de la tienda. Al poco tiempo, entrevisté a Jeni y a Zaida para el boletín de la Red de Recuperación de Alimentos, ya que era uno de los comercios colaboradores. Desde que me quedé embarazada, la tienda, sus talleres y su asesoría de porteo han sido para mí un referente. Con el tiempo, la relación se fue haciendo más estrecha y he colaborado en dos entradas de su blog, la primera es un tutorial de un sonajero adaptado y la segunda una entrevista sobre nuestros inicios en el porteo.…
Lunes, 29 Agosto 2016 11:36

Cicatrices

Tus brazos y tus pies están llenos de cicatrices casi imperceptibles, pero yo las veo cada día. Son minúsculas, son muchas, son duras. Cada una representa múltiples pinchazos en tu piel, hospitalizaciones, urgencias, sufrimiento. Tu sufrimiento, mi sufrimiento, nuestro sufrimiento. Las miro y revivo, por eso no las busco. Me las encuentro en un masaje, en una caricia, en un juego de cosquillas. Y lo revivo. Lo recuerdo con nitidez y duele. Tu cicatriz más visible, en mitad de tu cara, es las que menos veo. Me pasa desapercibida. Te dolió mucho, nos dolió mucho, pero mejoró mucho tu calidad de vida, la nuestra. Tu cicatriz más oculta, en tu cuello, es la que no quiero ver. Me recuerda el peor día de nuestras vidas. Ahí estará para siempre.
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