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Lunes, 18 Julio 2016 15:22

13 meses de lactancia extraída

Después de mucho leer y charlar he llegado a la conclusión de que no hay dos lactancias iguales, ni si siquiera tratándose de hermanos. En internet se puede leer mucho sobre diferentes dificultades a las que las madres se pueden enfrentar: grietas, frenillo, crisis de lactancia, etc. Pero me cuesta encontrar historias como la que hoy os traigo. Quiero hacer visible que estos casos existen. Yo conozco al menos 3 y me parecen admirables.

Cuando pensamos en lactancia se nos viene a la cabeza una madre amantando a su hijo o hija.  Podemos incluso pensar en una madre extrayéndose leche en el trabajo mientras su peque está en la escuela infantil. Pero es raro que se nos ocurra pensar en que hay bebés que se alimentan de lactancia materna exclusiva y prolongada sin succionarla en ningún momento del pecho de su madre. Hoy os cuento la historia de Izas y Hugo, una lactancia que duró 13 meses en los que la madre estuvo sacándose y almacenando leche todos los días para que su hijo tuviese lo que ella consideraba que era lo mejor.

Hugo está afectado por el Síndrome de Wolf-Hirschhorn, una enfermedad rara de la que ya os hablé en el reto #ConoceLasEnfermedadesRaras. La lactancia natural de estos niños es muy difícil y, me atrevería a decir, que imposible sin ayuda. Por ello, lo que consiguió Izas es increíble y muy muy difícil.

Antes de pasar a la entrevista, quiero decir que con este artículo no pretendo hacer sentir mal a nadie. Ojalá que nadie se sienta culpable al leerlo por no haber conseguido lo mismo que Izas. Cada persona y cada circunstancia son diferentes. Yo misma hice todo lo que Izas os va a contar en circunstancias parecidas y el resultado no fue el mismo, quién sabe por qué razón. Pero, cuando ella me contó su historia, lejos de  sentirme mal por no haber conseguido lo mismo, me aelgré de ver que es posible. Nunca me cansaré de recomendar asesoramiento si vives una situación similar y, desde luego, Lactancia Unidades Neonatales me parece una gran opción.

Os dejo con el testimonio de Izas.

¿Cómo fue el nacimiento de Hugo? ¿Por qué no le pudiste amamantar en un principio?

Hugo nació prematuro. Yo dejé de notarlo en la tripa, fui al hospital y me practicaron una cesárea de urgencia. Al sacarlo vieron que traía 4 vueltas de cordón y hubo que reanimarlo porque nació sin respirar. Era muy pequeñito, apenas llegaba al 1kg 500gr, y tenía muy poca fuerza. Ni siquiera lloraba. Pero nada de eso interfirió en la lactancia. El motivo por el que no pude darle de mamar fue la retrognatia severa con la que nació. Su barbilla estaba completamente retraída y eso hacía que su labio inferior quedase demasiado atrás, no pudiendo realizar un buen agarre. Era fisiológicamente imposible.

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¿Qué ayuda recibiste en neonatos para establecer la lactancia?

Nada más nacer Hugo, estando yo ingresada en planta, en el hospital Universitario de Cruces, había una sala de extracción de leche con varios sacaleches a libre disposición de las mamás que acabábamos de parir. Allí tenía los medios, pero no recibí asesoramiento. Desde la primera extracción, el sacaleches me produjo unas heridas que se fueron poniendo cada vez peor, hasta dejarme los pezones en carne viva. Al día siguiente, me hablaron de María, la jefa de enfermeras de neonatos, que también era asesora de lactancia. Sólo me dijo que estuviera tranquila, que lo íbamos a solucionar. Con el tiempo supe que se asustó al verme el pecho, nunca había visto unas heridas así. Me proporcionó unos parches que utilizan para regenerar la piel de los prematuros y en pocos días mi piel volvía a estar perfecta. Vio cómo me extraía la leche y enseguida se dio cuenta de que las boquillas estándar que vienen, no eran las correctas para mi pecho. Probamos varias tallas hasta dar con la mía y de ahí en adelante todo marchó muy bien.

¿Por qué decidiste extraerte leche materna?

Antes de ser madre, pensaba que no iba a dar pecho a mi hijo ni un sólo día. Es largo de explicar, pero digamos que no sentía ese instinto de amamantar. El mismo día que nació Hugo, en cuanto le vi, supe que necesitaba leche materna. Es como si algo dentro de mí supiera lo frágil que era.

¿Cómo te organizabas para extraerte leche y atender a Hugo?

Por las noches era “fácil”. Mi marido le daba los biberones mientras yo me conectaba al sacaleches. Por el día, eso ya era otra historia. Ponía a Hugo en la cama y con un pie le daba masajes en la tripa para aliviarle los cólicos, con el otro pie acariciaba al perro que estaba en el suelo y que sufría estrés por tanto cambio. Mientras, mis manos ocupadas extrayendo la leche. Tenía poca leche y aprendí que sacando de una en una, conseguía mayor producción, así que tardaba el doble de tiempo. Entre montar la máquina, las extracciones, guardar la leche, fregar los biberones… pasaba casi 1 hora. Después me pasaba otra hora para conseguir que Hugo tomara el biberón y cuando terminaba, tenía que tenerlo en brazos más de media hora para que no vomitara, suponiendo que no vomitase,  me quedaba menos de media hora libre porque cada 3 horas, vuelta a empezar. Al principio no hacía prácticamente otra cosa que sacarme leche y alimentarlo. Poco a poco todo se fue estabilizando y conseguí aumentar la producción de leche y espaciar las extracciones.

¿Te sentías frustrada al no poder amamantar a tu hijo y tener que realizar extracciones?

Lo cierto es que nunca llegué a sentirme frustrada por no poder amantar porque Hugo tomaba leche materna gracias a las extracciones, así que el objetivo de la alimentación estaba cumplido. Es cierto que la lactancia materna también favorece el vínculo madre-hijo, pero como Hugo y yo hacíamos método canguro, colecho y porteábamos, favorecíamos el vínculo de esa manera.

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Cuando me sentía frustrada era cuando disminuía la cantidad de leche que producía. Ahí me sentía incapaz de alimentar a mi hijo, pero siguiendo los consejos de las asesoras que me fueron acompañando, siempre conseguí la cantidad necesaria y algo más para congelar.

¿Pensaste en algún momento en dejar las extracciones?

Hubo algún periodo en que disminuía la cantidad de leche que producía y pensaba que la naturaleza me estaba diciendo que ya era tiempo de parar, pero luego miraba a Hugo, tan frágil, y sabía que tenía que seguir intentándolo. En aquellas ocasiones llegué a sacarme leche cada hora y media para conseguir recuperar la cantidad que necesitaba.

¿Por qué dejaste las extracciones? ¿Cómo afrontaste esa decisión?

Como ya he dicho, los comienzos no fueron fáciles y tuve heridas en el pecho. Conseguí curarlas, pero de tanta extracción, terminé con hematomas en ambos pechos. Como seguía sacándome cada poco, no había forma que desapareciera y cada vez estaban peor. Uno de ellos tomó un color que no me gustaba nada y ahí decidí que ya no podía seguir más. Me costó mucho dejarlo. Hugo tenía muchísimos problemas digestivos y no toleraba alimentación complementaria. Me daba miedo que no tolerase la leche de bote. Pero gracias a que tenía reservas de leche materna congelada, pudimos ir introduciéndole la leche de fórmula poco a poco hasta que la toleró. Leche hidrolizada, eso sí, porque no tolera la proteína de leche de vaca.

Hugo estuvo alimentado 13 meses con lactancia materna exclusiva, ¿por qué?

Digamos que otra vez mi instinto me decía que era la alimentación que él necesitaba. Los médicos insistían en que debía tomar “comida de verdad” antes de los 6 meses. Decían que no crecía porque le estaba alimentando mal. Esto me costó varias discusiones con mi marido porque él dudaba sobre si debíamos darle otro tipo de alimentación. Probamos con fruta y verdura a los 7 meses y medio y fue un desastre. No porque no la comiera, sino por los dolores de tripa y estreñimiento que le causaba el tomar 3 cucharaditas de pera. Para mí eran señales claras de que no estaba preparado. Si mi hijo no se aguantaba sentado en el sofá, no sujetaba la cabeza, pesaba apenas 3kg… ¡por qué iba a comer lo mismo que un niño de 6 meses! Así que hice caso omiso a las sugerencias de los médicos y seguí mi instinto y las recomendaciones de la OMS. A los 13 meses ya parecía preparado para tolerar las frutas y así fue. Hemos hecho los cambios siempre muy despacio y todos con éxito. A día de hoy es un niño que come de todo, menos proteína de leche de vaca y fresas.

Realizar extracciones de leche materna durante más de un año no es una tarea fácil. Visto con perspectiva, ¿volverías a hacerlo?

Sí. Volvería a hacerlo una y mil veces más.

¿Qué te parece la historia de Izas y Hugo? ¿Tú también te has extraido leche? ¿Tu lactancia también fue diferente?

Publicado en Crianza

Como ya te he contado aquí, uno de mis mayores miedos cuando nació Daibel era no establecer un vínculo afectivo seguro después de separarnos tras el parto. En aquellos momentos lo viví con mucha frustración, pero el tiempo me ha permitido ver las cosas con perspectiva y darme cuenta de que hay cosas que se pueden hacer para compensar este hecho, como explica aquí  y aquí Maisa, de Lactancia en Unidades Neonatales, en unos textos que yo habría necesitado leer entonces.

Aquí propongo 6 acciones que podemos realizar si hemos tenido que separarnos del bebé tras el nacimiento.

1. Método canguro

Lo ideal es acudir lo antes posible al lugar en el que se encuentre el bebé y comenzar a hacer el método canguro el máximo tiempo que se pueda. A mi llegada a la unidad de neonatos, las enfermeras me propusieron colocar a mi hijo en mi pecho, en contacto piel con piel. Este método es muy beneficioso para cualquier bebé, para las circunstancias de Daibel era su mejor medicina. Elcontactopiel con piel ayuda a establecer la lactancia materna; permite que se sientan seguros, lo que ayuda a que cojan peso más rápido; y, también, estabiliza todas sus funciones vitales (oxigenación, temperatura corporal y frecuencia respiratoria y cardiaca). Además, notarle en contacto contigo es una sensación muy placentera que te hace segregar la hormona del amor y te sientes muy conectada con el bebé.

2. Acompañamiento en la unidad de neonatos

Puede parecer una tontería que escriba esto aquí, pero yo vi como había padres que apenas estaban con sus hijos ingresados. Sí, esto pasa. Las circunstancias familiares son variopintas, y supongo que hay personas que se sienten superadas por la situación, no saben cómo afrontarla y por eso no pasan mucho tiempo en la unidad de neonatos, pero mi recomendación es que lo hagan. Es importante, no sólo estar allí, sino participar al máximo de los cuidados del bebé, comprender qué le pasa, por qué está allí, qué puedes hacer para mejorar su estado de salud. Tienes que conocer a tu bebé y él conocerte a ti. Háblale, huélele, obsérvale, tócale todo lo que puedas.

3. Compartir objetos y vivencias

En una unidad de neonatos respetuosa con la familia deben permitirte llevar objetos a tu bebé que te vinculen con él. En este post te conté qué cosas hacíamos para humanizar nuestra estancia en el hospital tras el nacimiento. Puedes vestirle con su ropa, llevarle objetos impregnados con tu olor, celebrar ciertos hitos conseguidos y hacerle partícipe de cosas que pasan fuera, como el cumpleaños de un familiar.

4. Lactancia

La lactancia es una de las herramientas más potentes para establecer el vínculo con tu bebé, como puedes leer aquí. Iniciarla en una unidad de neonatos, no es nada fácil, pero, por suerte, existen profesionales que pueden ayudarte, como a las que encontrarás en Lactancia y Unidades Neonatales. Ya te conté aquí que nuestra experiencia en este tema fue bastante frustrante, pero lo intenté.

Cuando la lactancia se vuelve imposible, hay formas de dar el biberón de forma respetuosa y que te vincule con tu bebé, tal y como cuenta Ibone Olza en este artículo.

5. Porteo

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Daibel estuvo dos meses ingresado y, tras el alta, nuestra rutina casi diaria era la de ir al hospital a un sinfín de consultas y sesiones de terapia. Al periodo de hospitalización no le siguió una etapa tranquila de estar juntos en casa, que habría sido lo deseable. En esa circunstancia, las horas de método canguro menguaron considerablemente, pero el porteo nos permitía mantener el contacto.

Tenía clarísimo que quería portear, a pesar de que Daibel salió del hospital con necesidad de oxigenoterapia, lo que suponía llevar enganchados dos cables y dos máquinas. En esta situación, no parece fácil portear, pero se puede. Así fue nuestro porteo tras el alta.

6. Practica colecho

Ésta es una decisión muy personal. A nosotros nos lo pedía el cuerpo, como ya te conté en este artículo. Nosotros estábamos deseando recibir el alta para meternos los tres en la cama todo un fin de semana y recuperar el tiempo perdido. Es una delicia tenerle tumbado a tu lado y observarle, ver cómo respira, mirar cada detalle de su cara, agarrarle de la manita… Todo eso vincula.

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¿Practicaste alguna de estas acciones? ¿Crees que así puedes compensar la separación?

Publicado en Crianza
Sábado, 09 Julio 2016 10:54

Danzar en tribu

Durante 8 años tomé clases de danza del vientre con Harizsa. Me encantaban, me entusiasmaban. Tuve la mejor de las profesoras, que me enseñó esta danza milenaria muy al detalle, dándome la oportunidad de aprender a bailar con casi todos los elementos que la acompañan (velo, alas de isis, crótalos, bastón, abanicos, sable…) y diferentes estilos (danza clásica egipcia, tribal, andalusí…). Se me daba bien y aprendía rápido. Parecía que esta danza estuviese dentro de mí desde siempre. Sustituí a Harizsa en algunas de sus clases, durante alguno de sus viajes, en su baja maternal, etc. Alguna vez me ofrecieron impartir clases más en serio, pero yo nunca quise. No quería convertir mi hobby en mi trabajo y, además, me parecía poco serio dedicarme a ello profesionalmente cuando en realidad yo no tengo una verdadera formación.

Cuando Daibel nació dejé las clases. Eran en Móstoles y yo ya no podía desplazarme hasta allí. Dejé de bailar durante dos años y lo echaba mucho de menos, pero no veía la forma de retomar las clases, ni siquiera en Rivas. Un día recibí un mensaje de una usuaria del Banco del Tiempo de Rivas (BdT) diciéndome que quería aprender a bailar danza del vientre, que es uno de los servicios que ofrezco. Me hizo mucha ilusión que me lo pidiera y organizamos un taller de cuatro sesiones abierto a todos los usuarios del BdT. Funcionó muy bien. Me encantó volver a bailar y, dado que las clases habían gustado, planteé a las gestoras del BdT hacerlas regulares durante el curso.

Funcionamos como una tribu

Después de un 2015 complicado, necesitaba buscar un rato para mí. Necesitaba retomar algo que me encanta, hacer una actividad física y despejarme.  Lo cierto es que mi disponibilidad era un problema, porque sólo podía impartir las clases los viernes por la tarde, y con las personas del BdT que se apuntaron en ese horario no era suficiente para abrir el grupo. Así que pasé la información en un par de grupos de madres que tengo en Whatsapp y… ¡MAGIA! Sin proponérmelo, se formó un grupo precioso en el que todas somos madres o educadoras, comprometidas con la infancia, la crianza y la educación respetuosas. Somos muy diferentes, pero, a la vez, tenemos mucho en común.

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Hemos hecho una pequeña tribu en la que compartimos y nos ayudamos. Es un espacio en el que me siento muy querida y cuidada, donde se me entiende. Allí puedo expresar mis temores y preocupaciones y no se me juzga y casi ni se me aconseja, sino que se me acompaña, que es diferente y mucho más enriquecedor. Es mágico. Os doy las gracias, chicas.

Un grupo lleno de intercambios

De pronto, encontré la manera de volver a bailar. Yo no podía permitirme pagar las clases, así que pensé que esto se resolvía impartiéndolas yo. Por eso son gratis, porque no soy profesional. También porque son una actividad del BdT, en el que no se puede hacer ningún intercambio con dinero. Y, además, porque se establece una relación simbiótica. Las chicas vienen a una actividad que les apetecía conocer y colaboran en cubrir mi necesidad de darme ese tiempo para mí.

Al ser una actividad del BdT, establecimos una forma de intercambio. Así, cada semana, una de las alumnas me hace un favor a mí o a Stella, otra usuaria de BdT que nos ha cedido el espacio para poder dar las clases. Y aquí se vuelve a hacer magia otra vez porque los intercambios han sido de lo más variados y no sólo con Stella y conmigo, sino también entre el resto de asistentes y, además, ha sido punto de encuentro de otro proyecto del BdT, el grupo de Mamis. La cuadratura de todos los círculos se produjo en Semana Santa, cuando ambos grupos nos fuimos de excursión por el Soto de las Juntas. También, es muy interesante el grupo de consumo que se ha creado gracias a que Irene, una de las alumnas, que nos ofreció colaborar con el Huertológico. Yo no participo porque en casa tenemos un huerto urbano en la terraza, pero sé que las chicas que sí colaboran están encantadas con la iniciativa. Le pediré a alguna que nos cuenten aquí su experiencia, porque me parece muy interesante el enfoque que le están dando con respecto a sus hijos.

También compartimos charlas intensas en las que nos enseñamos lo que sabemos las unas a las otras y nos conocemos. Es curioso percibir la necesidad que todas tenemos de expresar ciertas inquietudes ante otras mujeres con las que nos sentimos cómodas. Recuerdo con especial cariño un día que dimos la clase en la Casa de Asociaciones, en vez de en casa de Stella, y a la salida todavía teníamos mucho que compartir. Terminamos todas sentadas en el suelo del pasillo, entorpeciendo el paso a las personas que querían entrar en el baño. Aquel día Macarena planteó el tema de cómo hablar a sus hijos sobre los niños que tienen diversidad funcional, ya que no quería caer en la pena. Me temo que buscaba mi respuesta como ‘opinión autorizada’, pero realmente yo no me he enfrentado a esa situación y sólo se me ocurría apelar a la naturalidad y al sentido común. Más fina estuvo Soraya, La Mamá de Pequeñita, que explicó cómo introducía este tema con sus alumnas, mostrando la importancia de que los adultos ejerzamos un trato igualitario e inclusivo que los niños y niñas imitarán e integraran con normalidad.

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Aquí os dejo un listado de los intercambios que se han producido desde que iniciamos las clases en febrero, incluyendo la clase de yoga que me ofreció Vitoymás Yoga, la presentación de Crianza Mágica ante las alumnas de la Mamá de Pequeñita, los talleres en El Hilo Rojo, el espacio de Arancha, y las fotografías que acompañan a este artículo, hechas por Roberto Mora. ¿No os parece una maravilla tener la posibilidad de contar con toda esta ayuda?

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Cómo es una de mis clases

No quiero acabar sin contaros cómo es una de las clases que imparto y que no serían posibles sin las enseñanzas de Harizsa, a quien le estoy muy agradecida por todo lo que me ha dado. Ahora no tenemos mucho contacto, pero siento que estamos cerca.

Comenzamos sentándonos en el suelo y abriendo una ronda de palabra. La que quiera puede compartir cualquier inquietud o experiencia de su semana, esté o no relacionada con la danza. Solemos hablar mucho de los niños. Estas conversaciones a veces se alargan y a veces no. En ocasiones tenemos más necesidad de expresarnos y lo respetamos. Esta práctica para iniciar la clase la tomé prestada de la biodanza. Ya te conté aquí que he asistido a algunas sesiones y todas las clases comienzan así. Es algo que me encanta porque nos permite conocernos un poco más y expresarnos, liberarnos.

Uno de mis objetivos al impartir estas clases es dar a conocer algunos aspectos de la cultura árabe a través de la danza. Por ello, en algunas clases, después de charlar, les cuento algo de lo que yo sé, gracias a Harizsa, apoyándome en uno los elementos de la danza del vientre, les muestro cómo se danza con ellos y los prueban.

Después, calentamos, con una música suave y agradable. Seguimos en círculo. Esto lo vuelvo a tomar prestado, esta vez de mis clases como alumna con Harizsa. Entonces, también se creó tribu. Cuando nos juntábamos teníamos esa necesidad de expresarnos y nos contábamos nuestras cosas mientras hacíamos el calentamiento. Al principio nos colocábamos como se hace normalmente en las clases, con la profesora delante, dando la espalada a las alumnas para que puedan copiar sus movimientos. Si una hablaba, el resto quería mirarla, por lo que nos íbamos girando, hasta que, de forma natural, íbamos formando un círculo en el que todas nos veíamos las caras. Llegó un día en el que las clases las empezamos ya en círculo.

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Ya hemos calentado y nos ponemos a bailar. Para mí, el tiempo se para y comienza un ejercicio de meditación. En danza del vientre es muy importante aprender a disociar las diferentes partes del cuerpo y moverlas por separado. Esto es un ejercicio brutal de consciencia corporal. Les voy enseñando la técnica de esta danza, primero con movimientos circulares y ondulatorios que nos ayudan a recuperar la feminidad ancestral que tenemos olvidada y, después, con golpes más secos que nos empoderan.

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Finalizamos con una coreografía que vamos poco a poco memorizando por si algún día queremos mostrarle al mundo lo que hemos aprendido. De momento, es para nosotras.

No tengo ninguna intención de ganarme la vida impartiendo clases de danza del vientre. Para mí, con una hora y media a la semana, de momento, es suficiente. Sólo necesitaba quitarme el mono. Gracias de nuevo, a Harizsa y a las chicas que vienen a mis clases.

¿Conoces la danza del vientre? ¿Te gustaría probar? ¿Practicas alguna otra actividad en tribu?

 

Publicado en Salud emocional
Domingo, 03 Julio 2016 14:27

Un día cualquiera

Hoy nos levantamos antes. Tenemos que estar a las 8 en el hospital. Las extracciones no empiezan hasta las 8:30, pero quiero estar antes para ver si consigo que le pinchen el primero, no vaya a ser que le dé una hipoglucemia, ya que está sin comer desde las 12 de la noche y no puede tomar la medicación hasta después de la extracción. Eso supone que tenemos que salir de casa a las 7, por si pillamos atasco, y ya son las 6:30 porque se me han pegado las sábanas. No llego.

Voy a dejar dormir a Daibel hasta que nos vayamos. Ya le cambio en el hospital.

Voy a preparar desayuno (leche en un biberón y cereales) y comida (un tarrito con puré, cucharadita de harina de arroz y otra de semillas de lino y el bibe del agua). Me faltan dos baberos, un trapito para limpiarle y una cuchara. A la bolsa. Llevo pañales, toallitas, otro pijama, el bolsito con las medicaciones. ¿Hay suficientes cápsulas de hidrocortisona? Sí. Esto está listo.

Voy a vestirme y a la vez llenaré la bombona de oxígeno. Pero cuidado, que si no la retiro a tiempo se congela y entonces sí que no llegamos.

Puf, ya son las 7. No he desayunado. Voy a meter unas galletas y un zumo en el bolso y en cuanto llegue al hospital me lo como.

Me voy a poner el fular elástico preanudado y así no me lo quito en toda la mañana por si lo necesito. Daibel, te meto dentro del fular y nos vamos. La bolsa, el oxígeno, el pulsi… uy, casi se me olvida, el historial de Daibel. Ahora a meter todo esto en el coche.

¡Hala, las 7:15! ¡Verás qué atasco! Efectivamente. Aaaggg, es un trayecto de 20 minutos y me va a llevar más de una hora. Es que los días que llueve… Ya no llegamos a la 8.

Bueno, ya estamos y son las 8:10. Al menos a esta hora es fácil aparcar. Voy a bajar el carro y pongo ahí todos los bártulos. Noooo, Daibel, normal que te enfades, con el frío que hace, tú tan dormidito y yo sacándote a estas horas. Tranquilo, que en cuanto entremos al hospital te meto otra vez en el fular.

Las 8:15 y ya hay 4 personas delante de mí. Bueno, no son muchas.

Daibel, al fular a  ver si te calmas. Así…

Las 8:35 y todavía no han abierto. ¡La glucosaaaa! Ya abren, menos mal. Papel entregado.

Oh! El nene que va delante de nosotros es un bebé. Tardarán más. Así es… ¡La glucosaaaa! Ya nos toca. A esta enfermera no la conozco. Voy a avisarla de lo difícil que es sacarle sangre (mejor en los pies, aunque están ya machacados, o en la cabeza) y de que establezca prioridades. Primero las hormonas, que tienen que salir en ayunas, luego el hemograma y esas cosas, que lo necesitan para la cirugía, y lo último los niveles de valproico, que los podemos hacer más adelante, ya que los últimos son de hace 4 meses.

Bien, no lo ha entendido como una intromisión en su trabajo. Menos mal. Puf, mira y mira y ni se atreve a pinchar. Va a avisar a otra compañera. Sí, esta le ha pinchado más veces. Un intento en un brazo… nada. Un intento en un pie… nada. El otro pié… y sale. Venga, Daibel, aguanta, que lo están haciendo muy bien. Mierda, se ha salido. Van a ver si con eso sirve para las hormonas…

Quieren intentarlo otra vez después de que desayune, que suele ser más fácil. Vaya panzada a llorar te has pegado, Daibel. Yo te abrazo, cariño. Bueno, le voy a dar la medicación, que ya son las 9:05 y va con una hora de retraso. A ver, la alquimista, que tiene que diluir las cápsulas de hidrocortisona. Madre mía, la  que estoy liando sacando tantas cosas. Nos mira todo el mundo. Bien tragadas las medicinas, la hidrocortisona y el Depakine. Ahora el bibe. Jolín, y yo todavía no he desayunado.

¡Oh, no! El aparcamiento. No lo he pagado y son las 9:20. ¡A que me multan! A ver, que lo pago con el móvil. ¡Hala! El móvil lleno de mensajes. Para luego. Ya está pagado hasta las 12:30. Voy a avisar de que ya ha comido para que le vuelvan a pinchar.

Nos llaman otra vez. A ver si ahora lo consiguen. Van directas a la cabeza. Espero que no se pongan con la peluquería hospitalaria. Un pinchazo… nada. Otro pinchazo… nada. ¡¿Qué?! ¡¿A la yugular?! Esto es nuevo. ¡Madre mía! Ahí tiene la cicatriz de la vía central. Se me ponen los pelos de punta sólo de pensar en lo que pasó aquel día. ¡Tiene narices! No han conseguido sacar todos los tubos. Venga chiquitín, mamá te coge.

Se ha quedado frito. Le voy a dejar en el carro. Me parece que hoy no estás para hacer logopedia. Voy a bajar a avisar y le cuento lo de la semana pasada en el oftalmólogo y le pregunto por lo del rechinar de dientes.

Venga, una cosa menos. Nos subimos otra vez que ya son las 10:30 y le toca la consulta de enfermedades infecciosas. Papel entregado. Somos los primeros, así que me llamarán enseguida. Que no se me olvide decir que ya lleva la primera dosis de la vacuna de la gripe y que ha estado con salbutamol. Ya nos llaman. Daibel, te van a despertar. Lo siento. Le van a pesar. Ay, a ver si ha cogido peso. Jolín, ni un gramo en un mes. ¿¡Y ahora qué!? Por lo menos ha estirado un poco. ¡Madre mía! ¡Si no le he cambiado el pañal en toda la mañana! Lleva el mismo desde los doce de la noche. ¡Vaya madre!

Un papelito con la dosis de la vacuna del VRS para la enfermera y otro para la cita del mes que viene. Daibel, al fular, que toca vacuna y si está la enfermera de siempre, nos deja hacer el pinchazo porteando y así te calmas antes. Vamos al hospital de día que allí es el pinchazo. Ay, ese muslito… Ya está. Hoy no hay más pinchazos. Duerme otro poco, campeón.

Las 11:15. La cita con la inmunóloga es a las 12:00. ¿Qué hago? ¿Me acerco por si le puede ver ya? Sí, voy para allá, entrego el papel de la cita y, mientras esperamos a que nos llamen, me acerco a la consulta de neuro para ver si por fin han llegado los resultados de los aminoácidos. No los encuentran. Daibel ya no quiere estar en el fular. Voy a dejarle en el carro. Puf, me preguntan qué día fue la extracción de aminoácidos. Sí, el 2 de febrero. Me acuerdo porque fue un día después de la convulsión febril. ¡¿Qué sería de nosotros sin mi buena memoria!? Menos mal que es así… Pues nada, siguen sin saber dónde están los resultados. Si no me llaman pronto, me tendré que volver a pasar.

A ver, que el móvil no para de sonar. Voy a ir contestando poco a poco.

Las 12:15. Daibel debería comer pero está dormido. Desayunó más tarde de lo habitual, así que podría comer más tarde, pero si dejo pasar más rato nos van a llamar y se va a retrasar demasiado… Le despierto. Lo siento, Daibel. A ver, otra vez el despliegue de medios para la comida y un montón de ojos mirándonos. Al menos ahora no toma medicación, pero con la cuchara montamos un número… ¡Qué difícil lo pones, Daibel! Perdona, cielo, tú haces lo que puedes, pero no te muevas tanto, que nos estamos poniendo guarrísimos.

Ya son las 12:45. La consulta va con casi una hora de retraso. Esta doctora siempre tarda mucho. Se pasa mucho rato con cada paciente. Yo se lo agradezco, porque lo tiene todo en cuenta y es una de las consultas en la que mejor atendida me siento.

¡Ay, el aparcamiento otra vez! Jolín, si no me multan va a ser un milagro. Voy a pagar desde el móvil hasta las 13:20. Y es el máximo. No puedo estar más de cuatro horas. Si quiero estar más tiempo tengo que cambiar el coche de sitio. Menos mal que hicieron esta aplicación. Si encima tuviera que andar saliendo a poner el papelito…

Voy a ver si Daibel quiere jugar con algún objeto mientras esperamos. Voy a sacar la abeja, que tiene sonido, los colores adecuados y es fácil de coger. No hace mucho caso…

Ya nos llaman. Las 13:15 se me acaba el parking. Me van a multar. Esta doctora me lo va a preguntar todo. Mi memoria a prueba, otra vez. Le tengo que pedir que la próxima cita sea un martes, aunque ella no pasa consulta oficialmente, para no estar viniendo al hospital todos los días de la semana, que Daibel acaba reventado.

Jolín, le ha pedido otra analítica. Al menos no es urgente. Tenemos que dejar pasar unas semanas para que recupere las venas.

Voy a admisión a pedir las citas de infecciosas e inmuno. Cojo el numerito y sólo hay dos delante. A estas horas ya no hay nadie por aquí. Daibel ya está harto, no quiere ni carro ni fular.  Ains… ya estamos. El programa da problemas con la cita de inmuno porque la agenda de la doctora no está abierta los martes. Ya verás como me toca volver otro día a preguntar por la cita porque no me llega por correo, como la última vez.

Las 14:00. Venga, ya nos vamos. A ver si nos han multado. ¡No! ¡Qué suerte! El mes pasado no la tuvimos. Otra vez todo dentro del coche. Vamos muy tarde. Kike tendría que estar comiendo ya. Menos mal que anoche dejé la comida echa. Seguro que la estará calentando.

Subimos a casa sin el carro, así que tengo que cargar con el oxígeno, el historial, el pulsi, la bolsa y Daibel… al fular. ¡¿Qué sería de mí sin el porteo?!

Por fin en casa y la mesa puesta. Daibel, te dejo en la trona mientras comemos. Al final, en el hospital, entre pitos y flautas, no me he comido ni las galletas. ¡Qué desastre! Esto no es sano. No me cuido nada.

Las 15:00. Tengo que trabajar un poco con el ordenador. Daibel, te dejo en el puzle en el suelo mientras hago esto, y así cambias de postura. Te pongo el arco de estimulación. Ahora juego un ratito contigo. Listo. Anda, las 15:45. No nos da tiempo a jugar y tienes una cara de sueño… Cambio de pañal y control de glucosa. 65, bueno, no está mal. A esta hora es cuando peores niveles da. Toca Depakine, hidrocortisona y un bibe de plátano, pera, leche de avena y dos cucharadas de cereal. ‘Padentro’. ¡Genial, Daibel! Y siesta. Ya está frito. ¿Le dejo en la cuna? No, en la cama conmigo, así nos achuchamos un poco.

Cómo me gusta verle dormir. ¡Qué bonito es! Vaya mañana ha pasado… Cuando se despierte serán por lo menos las 18:00 y todavía no ha hecho nada de terapia. Es que… ¡vaya agenda!

Menos mal que tenemos cuna de colecho. ¿Te imaginas que convulsiona por la noche y yo ni me entero? Puf, mejor ni lo pienso. Voy a dormirme un rato, que la noche fue toledana y he madrugado mucho.

Las 18:00. Kike ya ha terminado de trabajar y me está haciendo la merienda. Menos mal que puede trabajar en casa. Es mucho más fácil así. Daibel ya se despierta. Vamos a ver un capítulo de StarGate mientras merendamos. Qué bien, un poco de relax. Mientras lo vemos, voy a ponerme a Daibel en las piernas y trabajamos un poco el control cefálico.

Las 19:00. Kike se queda con Daibel. Voy a tender la lavadora y mientras hago unos purés para el peque. Las 19:45. Me pilla el toro. Ya tenía que haber tomado el Eutirox. Voy a prepararlo. Otra vez la alquimista… Aquí, machacando la pastilla… Este mundo no está pensado para que haya bebés enfermos.

Daibel, a la ducha con mamá. Papá te viste y mientras os contáis vuestras cosas. Después a cenar crema de calabacín, tu preferida. Ahora puedes ensuciarme lo que quieras, que estamos en casa.

Puf, mil mensajes en el móvil y varias notificaciones en redes sociales. Voy a responder. Estoy harta de estar siempre conectada.

Voy a preparar la cena y me acostaré pronto. Kike y Dabiel se quedan juntos hasta 12, cuando toca el último biberón, hidrocortisona y Depakine. Espero que no se le olvide que lo hemos subido a 0,4.

Mírales, se quedan ahí los dos juntos siendo guapos. Les quiero mucho. Buenas noches.

¿Tú día se parece al nuestro? ¿Crees que es demasiado para un bebé? 

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