Miércoles, 26 Julio 2017 09:24

9 cosas que adoraba de mi abuela

Mi abuela Aurora falleció hace un año. Se trata la primera muerte que he tenido que afrontar de verdad. Cuando era niña fallecieron mi bisabuela y Jose, pero eso… era niña y no fui consciente del duelo que suponía, aunque entiendo que lo debí pasar igualmente.

Hoy me hago este regalo; me permito escribir sobre mi abuela porque en este año apenas he hablado de ella y no he dejado que pasara mucho tiempo por mi cabeza. Ha sido así porque cada vez que se viene a mis pensamientos siento mucho dolor. Su muerte sucedió en un ambiente enrarecido por problemas familiares y, además, sufrió mucho. No se lo merecía. No nos lo merecíamos. En este año, acordarme de ella ha supuesto acordarme de su feo final y me ha resultado muy doloroso. Tampoco he podido ir a su casa, no me encuentro con fuerzas. Por eso me regalo esta lista. Es para mí, para ella y para todo los que la quisimos. Quiero recordarla por lo que fue, por lo que hizo, por lo que me enseñó y no sólo por su turbio final.

Aquí van las 9 cosas que adoraba de mi abuela:

1. Podía hablar con ella de todo

Teníamos una gran complicidad. Yo le contaba mis cosas, mis preocupaciones y ella me aconsejaba. Pero también al revés. Hemos hablado mucho sobre cómo se sentía ella ante ciertas situaciones, conflictos, su enfermedad.

2. Sus manos

A ella le perecería mentira. Decía que eran todo pellejo. Al final era verdad y también tenían manchas de la edad, pero para mí eran preciosas. Las tenía siempre muy cuidadas, suaves y calientes. Me encantaba cogerle de la mano y ver cómo cogía la de mi abuelo.

3. Sus albóndigas y su sopa de marisco

El plato estrella de mi abuela era la ensaladilla rusa, pero nunca he sido muy fan. Yo prefiero sus albóndigas (sé que mi primo estará de acuerdo) y su sopa rápida de marisco. Una de las mejores ideas que he tenido en la vida es pedirle esas recetas cuando me independicé. No las he hecho mucho en el último año porque me invadía la tristeza, pero eso tiene que cambiar. Es curioso, ambas llevan pastilla de caldo y quienes me conocen un poco saben que no es de mis ingredientes favoritos. Pero yo se lo pongo. No cambio nada de sus recetas.

4. Se despedía siempre diciendo ‘que lo paséis bien’

No decía adiós, ni hasta luego, sino que te deseaba algo bueno. Además, aunque estuviese muy malita, te seguía hasta el ascensor y te despedía allí, aprovechando hasta el último segundo para mirarte y hablar contigo.

5. Su coquetería

No se me ha pegado nada, pero ella iba siempre impoluta. Cuidaba mucho su ropa y su aspecto. Se dedicaba tiempo para verse bien.

6. Era muy detallista

A ella siempre le gustó agradar y tenía muchos detalles y siempre daba en el clavo. Tenía buen ojo para saber qué le gustaba a los demás. Ahora se me viene a la cabeza el primer regalo que le hizo a Daibel nada más nacer. Un marco de fotos y un chupetero preciosos, elegidos con mucho gusto. Nos son típicos, no son cualquiera que puedas encontrar por ahí, tienen su esencia.

7. Sus dotes de mando

Bueno, esto no me gustaba siempre… Ni a mí, ni a los que le rodeábamos. Era muy mandona, muy matriarca. Nos traía locos casi siempre por ello, pero quiero ver su parte buena. Fue una mujer fuerte que nunca se dejó pisotear por nadie. Tenía las ideas claras y no se hacía pequeña ante nadie.

8. Estaba muy orgullosa de mí

Fue siempre una inyección de autoestima para mí. Se alegraba hasta el infinito de mis logros y me alentaba muchísimo cuando le contaba mis planes. Sé que el nacimiento de Daibel fue para ella como un fracaso. Por primera vez en mi vida algo no me salía tan bien como ella quería. Es de las pocas personas que se atrevía a decirlo. En definitiva, ella sabía que con él en mi vida sufro mucho y desearía que no fuera así. Yo no conseguí hacerle ver que Daibel también me hace feliz.

9. Su historia

Hemos pasado muchas horas hablando de cuando era niña y joven. Muchas de nuestras conversaciones tienen que ver con cómo crió a sus cuatro hijos. Me encantaba escucharla. Además, mi abuelo es un gran fotógrafo, por lo que hay documento gráfico de cada cosa. Muy a menudo salían fotos antiguas de los cajones y comentábamos sobre ellas. Eso es oro puro.

Gracias, abuela, por haberme hecho posible y por acompañarme en mi vida. Siento haber estado tan alejada este año. Es mi proceso, lo hago lo mejor que puedo. Siento que con esta lista doy  un paso más para recordarte como te mereces.

Te querré siempre

Publicado en Salud emocional

En el último post me desnudé contando cómo he vivido lo que para mí ha sido el final de mi puerperio. Escribir ese artículo fue sanador y quise compartirlo por si a alguien más le ayudaba. Si compartí aquello, no puedo dejar de publicar la respuesta que me dio Jazmín Mirelman, psicóloga perinatal de Red Afectiva, tras leerlo. Sus palabras son más esclarecedoras aún y me han ayudado a comprender mucho mejor todo este proceso.

Como buena argentina, tiene un dominio exquisito de la palabra y un profundo conocimiento de la psique humana; por eso, su texto tiene tanto valor. Que lo disfrutes…

Querida Ana,

Me gustaría reiterarte la admiración que me mereces por cómo cuidas a Daibel, a tu familia y a ti misma y por el importante trabajo que realizas a través de estos relatos, que dan tanto que pensar.

Puedo leer en tus palabras una gratitud por el encuentro que tuvimos, que nos permitió hablar pero no tapar, dejar que se abrieran ventanas y que por allí pasara el tiempo, el aire, la crisis y las ocurrencias.

Creo que hablas de puerperios y de duelos. Así, en plural, ya que son muchas las recuperaciones que el cuerpo y el psiquismo deben atravesar para retornar a un lugar que ya no es punto de partida (la mujer que antes no fue madre) pero que tampoco es la permanencia en el estado gestante (la mujer que empieza  tímidamente a sospechar que también será madre). También son muchos los duelos por los que transitamos en la maternidad y muchos más cuando el desarrollo y salud de nuestro hijo no es el esperado. Estos puerperios y estos duelos no ocurren uno detrás del otro según el tiempo del reloj, sino que son otros tiempos que van ocurriendo, dejando de ocurrir y reapareciendo cuando menos los esperas, como una espiral. Y es hermoso cómo describes una nueva comprensión que te permite acercarte más a tu compañera de camino, Fe. Crear una nueva relación más vital.

Con “agotamiento” se designa tanto a la acción como al efecto del verbo agotar, que proviene etimológicamente del latín “eguttāre” y alude a que algo ya ha perdido su contenido, se ha vaciado.

En esa acepción podríamos encontrar una buena definición del fin del puerperio, ya se ha vaciado el cuerpo de todo signo que remita al hijo, pero hay otro matiz que me sugiere la palabra 'contenido' que se refiere al sentido, a lo que se dice de algo, el contenido de una frase, el contenido de una biografía, el contenido de una vida…y me pregunto si lo que se ha agotado en este momento es el sentido o los distintos sentidos (significados provisionales) que servían antes para comprender, aceptar, vivir la relación con Daibel. Un vacío, una nada, que es el principio de algo nuevo, aun por nacer. Y veo esta ocurrencia como una posibilidad, una nueva comprensión que te permite acercarte más a tu compañero de camino, Daibel. Crear una relación más vital, más actual, tomando el símil de la relación con (la) Fe. Qué buena metáfora, ya que la fe, además de aquel constructo mágico y terrorífico de la religión, también podría ser la confianza, la certeza de que detrás siempre hay algo, otra cosa, lo nuevo, que la vida, mientras viva, no se agota, aunque por momentos estemos cansadas y necesitemos una pausa que cuesta mucho lograr.

Espero que mis palabras y este pensar juntas nos siga construyendo y enlazando, entretejiendo y enredando.

¿Te sientes identificada en el análisis que hace Jazmín? ¿Crees que has pasado algún duelo en tu maternidad?

 

 

Publicado en Salud emocional