Jueves, 21 Enero 2016 12:34

Que no os separen, pero… ¿y si su vida peligra?

La red está plagada de artículos que insisten en la importancia de que no se separe al bebé recién nacido de su madre durante las horas posteriores al parto. Desde luego que es muy importante, y lo es por las siguientes razones:

Beneficios de mantener juntos al bebé y su madre

  • Facilita el inicio de la lactancia
  • El contacto con la madre le aporta las primeras defensas al bebé
  • Ayuda a la expulsión de la placenta
  • Favorece el vínculo entre madre e hijo
  • Ayuda a calmar al bebé tras pasar del medio líquido al aéreo
  • Es un derecho de los bebés presente en la Carta Europea de los niños hospitalizados

¿Qué puede pasar si os separan?

  • Aumento del estrés en el bebé y la madre
  • Dificultad en el bebé para regular temperatura y otras constantes vitales
  • Más probabilidades de que la lactancia fracase
  • Mayor riesgo de contagio de enfermedades por estar en contacto con bacterias distintas a las de la madre.
  • Afectación al desarrollo neurológico del bebé

Muchas mujeres embarazadas somos plenamente conscientes de esto en el momento del parto. Por ello, la separación de nuestro bebé a causa de su estado de salud nos genera mucha ansiedad y frustración. A Daibel y a mí nos separaron tras el parto. A pesar de conocer ya los datos expuestos, permití que lo hicieran. Al sentir tanto miedo por su bienestar y estar tan drogada, sentí una especie de alivio cuando se lo llevaron. ¡Qué locura! No me puedo creer lo que escribo, pero es cierto.

A día de hoy, reviso la bibliografía existente que evidencia los beneficios que tiene para el bebé que nace con dificultades no separarse de su madre y me cuesta entender lo que pasó.

Compensar la separación tras el nacimiento

Una vez que ha pasado, hay formas de compensar este hecho. Lo ideal es acudir lo antes posible al lugar en el que se encuentre el bebé, seguramente en la unidad de neonatos, y comenzar a hacer el método canguro el máximo tiempo que se pueda, ya que es muy beneficioso, y tratar de establecer la lactancia en el caso de que las circunstancias lo permitan.

Semanas después del alta me di cuenta de que habíamos estado compensando con creces esa separación gracias al gran número de horas de contacto piel con piel que practicamos su papá y yo. Lo cierto es que, aunque lo hubiésemos practicado en casa, desde luego no habría sido en tanas ocasiones. Todos esos momentos de método canguro en el hospital fuero un gran regalo que hicimos a nuestra familia. Es muy difícil verlo así durante el ingreso, pero me alegro mucho de haber llegado a esa conclusión con el tiempo.

Las separaciones nocturnas de bebés ingresados

La separación tras el parto no es la única que vivimos. Como Daibel estaba ingresado, yo tenía que separarme de él para ir al baño, alimentarme y descansar. Habrá quien piense, “¡como todo el mundo!”. No es lo mismo dejarle en una cuna en tu salón mientras tú comes a su lado, que tener que salir del edificio para hacerlo. Cada paso que das y te sitúa más lejos de él es una puñalada. Lo peor eran las noches. Daibel estuvo ingresado 66 días tras su nacimiento. Las 66 noches correspondientes fueron una auténtica tortura. Cada noche me separaba de mi bebé para ir a dormir 6 horas a casa. Esa separación genera mucha frustración, mucha tristeza, mucha angustia. 

Lo cierto es que todavía hay hospitales en España en los que no permiten a los padres acompañar a los hijos hospitalizados las 24 horas. Además, en la mayoría de los casos en los que sí se permite, resulta imposible permanecer en las unidades siempre porque no están debidamente equipadas para el descanso de los padres y madres. Esto dificulta mantener el contacto de forma constante. Ojalá algún día consigamos maternidades de verdad.

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