Crianza Mágica | Apego y respeto para niños con necesidades especiales

En el último post me desnudé contando cómo he vivido lo que para mí ha sido el final de mi puerperio. Escribir ese artículo fue sanador y quise compartirlo por si a alguien más le ayudaba. Si compartí aquello, no puedo dejar de publicar la respuesta que me dio Jazmín Mirelman, psicóloga perinatal de Red Afectiva, tras leerlo. Sus palabras son más esclarecedoras aún y me han ayudado a comprender mucho mejor todo este proceso.

Como buena argentina, tiene un dominio exquisito de la palabra y un profundo conocimiento de la psique humana; por eso, su texto tiene tanto valor. Que lo disfrutes…

Querida Ana,

Me gustaría reiterarte la admiración que me mereces por cómo cuidas a Daibel, a tu familia y a ti misma y por el importante trabajo que realizas a través de estos relatos, que dan tanto que pensar.

Puedo leer en tus palabras una gratitud por el encuentro que tuvimos, que nos permitió hablar pero no tapar, dejar que se abrieran ventanas y que por allí pasara el tiempo, el aire, la crisis y las ocurrencias.

Creo que hablas de puerperios y de duelos. Así, en plural, ya que son muchas las recuperaciones que el cuerpo y el psiquismo deben atravesar para retornar a un lugar que ya no es punto de partida (la mujer que antes no fue madre) pero que tampoco es la permanencia en el estado gestante (la mujer que empieza  tímidamente a sospechar que también será madre). También son muchos los duelos por los que transitamos en la maternidad y muchos más cuando el desarrollo y salud de nuestro hijo no es el esperado. Estos puerperios y estos duelos no ocurren uno detrás del otro según el tiempo del reloj, sino que son otros tiempos que van ocurriendo, dejando de ocurrir y reapareciendo cuando menos los esperas, como una espiral. Y es hermoso cómo describes una nueva comprensión que te permite acercarte más a tu compañera de camino, Fe. Crear una nueva relación más vital.

Con “agotamiento” se designa tanto a la acción como al efecto del verbo agotar, que proviene etimológicamente del latín “eguttāre” y alude a que algo ya ha perdido su contenido, se ha vaciado.

En esa acepción podríamos encontrar una buena definición del fin del puerperio, ya se ha vaciado el cuerpo de todo signo que remita al hijo, pero hay otro matiz que me sugiere la palabra 'contenido' que se refiere al sentido, a lo que se dice de algo, el contenido de una frase, el contenido de una biografía, el contenido de una vida…y me pregunto si lo que se ha agotado en este momento es el sentido o los distintos sentidos (significados provisionales) que servían antes para comprender, aceptar, vivir la relación con Daibel. Un vacío, una nada, que es el principio de algo nuevo, aun por nacer. Y veo esta ocurrencia como una posibilidad, una nueva comprensión que te permite acercarte más a tu compañero de camino, Daibel. Crear una relación más vital, más actual, tomando el símil de la relación con (la) Fe. Qué buena metáfora, ya que la fe, además de aquel constructo mágico y terrorífico de la religión, también podría ser la confianza, la certeza de que detrás siempre hay algo, otra cosa, lo nuevo, que la vida, mientras viva, no se agota, aunque por momentos estemos cansadas y necesitemos una pausa que cuesta mucho lograr.

Espero que mis palabras y este pensar juntas nos siga construyendo y enlazando, entretejiendo y enredando.

¿Te sientes identificada en el análisis que hace Jazmín? ¿Crees que has pasado algún duelo en tu maternidad?

 

 

Publicado en Salud emocional

Hace meses que me hago esta pregunta. Me rondaba la cabeza cuando se acercaba el cumpleaños de Daibel y no tenía una respuesta. Llegué a planteársela a Jazmín Mirelman, psicóloga perinatal de Red Afectiva. Charlamos un rato sobre ello, pero sin llegar a una conclusión concreta. Aquel no era momento de conclusiones; necesitaba tiempo para encontrar mis propias respuestas. Hoy lo tengo mucho más claro y quiero compartir con vosotras y vosotros mis reflexiones. Son muy personales, basadas en mi experiencia, pero para mí han sido esclarecedoras y a lo mejor pueden ayudar a alguien más a entender, a entenderse…

¿Qué es el puerperio?

Antes de pasar a mis reflexiones, me gustaría aclarar qué es el puerperio, o, más bien, a qué me estoy refiriendo yo cuando hablo de puerperio. El puerperio, desde un punto de vista fisiológio, “se define como el periodo de tiempo que va desde el momento en que el útero expulsa la placenta hasta un límite variable, generalmente 6 semanas, en que vuelve a la normalidad el organismo femenino. Se caracteriza por una serie de transformaciones progresivas  de orden anatómico y funcional que hacen regresar paulatinamente todas las modificaciones gravídicas (involución puerperal).” Esta definición la podéis encontrar en este artículo de El Parto es Nuestro. Otras acepciones del puerperio, que tienen en cuenta nos sólo lo fisiológico, sino también lo hormonal y emocional, sitúan el final del puerperio entorno al primer cumpleaños del bebé.

Yo voy un poco más allá. Yo estoy considerando que el puerperio dura 3 años, aproximadamente, cuando llega ese momento en el que se deja de contar la edad del bebé por meses. Ya no es un bebé, es un niño. A esa edad, la dependencia de los niños ‘normortípicos’ es menor. Ya tienen un desplazamiento autónomo muy depurado, muchos controlan ya esfínteres durante el día, se alimentan solos, etc. No es casual que la escolarización en los colegios se produzca a esta edad, ya que están más preparados para separarse durante algunas horas de sus figuras de apego. Los padres también están más preparados, y puede que deseosos, de esa separación. Parece que en torno a los 3 años hay un botón que se desactiva solo y que dice ‘has cumplido, ya puedes relajarte un poco’. Entonces, llega el momento de disfrutar de los hijos de otra manera, de observar cómo su autonomía crece por momentos. No estoy diciendo que a esta edad tu hijo ya no te necesite y no sea demandante, pero lo es de otra manera.

¿Qué pasa si se acaba el puerperio y sigo teniendo un bebé?

Creo que, desde un punto de vista emocional, las madres estamos preparadas para atender esa dependencia un tiempo determinado, unos 3 años, lo que es para mí el puerperio. Pero, ¿qué pasa si se acaba el puerperio y sigo teniendo un bebé? ¿Qué pasa si, como en el caso de Daibel, su dependencia sigue siendo la de un bebé de pocos meses? Ahora tengo una respuesta clara: ¡que te agotas! Creo que puede parecer una perogrullada, pero es una conclusión que me ha llevado mi tiempo sacar.

El tercer cumpleaños de Daibel supuso una revolución en nuestra casa. Casualmente (o no tanto), yo empecé a trabajar ese mismo mes, después de, exactamente, 4 años en el paro. Como ya te conté, yo no estaba buscando trabajo porque pensaba que no encontraría nada que pudiera soportar el trajín de médicos, terapias, urgencia y hospitalizaciones de Daibel. Pero el trabajo me encontró a mí y resulta que es perfecto para nuestra situación. ¡Gracias, universo! El proceso de adaptación al trabajo me ha resultado bastante duro, lo que explica mi escasa aparición por aquí estos meses. Ha coincidido con varios procesos delicados en la salud de Daibel y con el fin de mi puerperio y, por tanto, una revolución emocional. Me ha costado encajar que la dependencia de Daibel sigue siendo muy alta, aunque yo ya estoy preparada para separarme de él en ciertos momentos y, por ejemplo, disfrutar de una oportunidad profesional que me está apasionando. Más adelante os hablaré más en profundidad de cómo conciliamos y de por qué me ha costado adaptarme al trabajo, que tiene su miga…

Estos meses he pasado momentos de mucha frustración y rabia. Me han invadido, a veces, fantasmas pasados que me hacían pensar que así no se puede ser feliz. He tenido que atravesar un nuevo proceso de aceptación de la situación de mi hijo (ya voy por el tercero) y creo que aún no he quemado esa etapa, pero sí pienso que ya tengo más respuestas, más aprendizaje.

Aprender y comprender

Hace casi 2 años, conocí a un grupo de mujeres maravillosas, madres de otros niños con necesidades especiales con las que he estado haciendo terapia. La primera vez que nos vimos, sentí que no encajaba y sé que ellas también. Menos mal que nos dimos la oportunidad de seguir conociéndonos, ya que, para mí, han sido un pilar en mi estabilidad emocional desde entonces. Además, les agradezco mucho que hayan pasado por el blog para contar un trocito de sus historias y las de Bruno, Mel y Henar.

Ahora entiendo porqué nos costó entendernos aquel día. Hace 2 años, Daibel tenía año y medio, pero los hijos de las demás, eran todos mayores de 3 años. Los puerperios de aquellas mujeres habían acabado y estaban agotadas. Visto desde fuera, costaba entender que, siendo la madre con la situación más delicada desde el punto de vista médico, fuera la que más energía y pensamientos positivos tenía en ese momento. Me faltaba rodaje. Me acuerdo perfectamente de como Fe explicaba el estrés que le producía planificar los fines de semana que pasaba con Henar. Yo le pedí que me lo explicara con más detalle porque no la entendía. Ay, amiga, que ingenua fui… Cómo me veo ahora reflejada en aquella explicación. Nuestras razones son distintas, pero me temo que la ansiedad que sentimos se parece mucho.

Espero que a mi proceso de aceptación no le quede mucho recorrido. Siento que al escribir este texto el círculo se está cerrando. Gracias por estar al otro lado.

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