Elementos filtrados por fecha: Septiembre 2016

Hoy se cumple un año desde que mi padre recuperó su puesto de trabajo. La fábrica de Coca-Cola de Fuenlabrada se había pasado 20 meses cerrada. El 7 de septiembre de 2015 un grupo de unos 300 trabajadores y trabajadoras que habían estado luchando en la calle todos esos meses conseguían reabrirla y vencer a la multinacional. Sí, David contra Goliat.

Un año después de aquel emocionante momento, la lucha no ha terminado. La fábrica está abierta, sí, pero no produce. Es un almacén fantasma. No hay trabajo efectivo. Mi padre recuperó su empleo, pero no hace lo mismo que hacía. Se tiró meses yendo allí a pasar el rato. Ahora tiene algunas tareas asignadas, pero no un volumen de trabajo que abarque para 8 horas diarias. A Coca-Cola no le da la gana acatar las sentencias judiciales –y ya van 3- que dicen que el ERE que perpetró es nulo y los trabajadores deben reincorporarse en su puesto de trabajo. Además, hay otras causas particulares abiertas y mañana mismo dos compañeros, Juan Carlos Asenjo y Alberto Pérez, acudiran a los juzagados de Getafe  acusados de amenazas y coacciones en un pleno municipal en Leganés.

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Una familia dolida pero unida

Este conflicto laboral está siendo durísimo y mi familia se ha resentido mucho. A algunas personas les sorprende que mi padre no firmara el acuerdo con la empresa cuando tuvo la oportunidad. Se habría prejubilado y llevado una indemnización cuantiosa (aunque eso depende de cómo se mire, ya que los impuestos se habían llevado casi la mitad), pero habría perdido su dignidad. La mayoría de los trabajadores de la fábrica firmaron ese acuerdo. Era su decisión y seguro que han hecho lo que creen que era mejor para sus familias. Yo no habría entendido que mi padre lo hiciera. Me habría decepcionado. Mi padre no es así y no es lo que a mí me ha enseñado. Por eso estoy tan orgullosa de él y de mi madre, que le ha apoyado todo este tiempo.

El problema es que este conflicto laboral llegó en el peor momento posible. Tan sólo cuatro meses después de que Daibel naciera. En ese tiempo, la relación con mis padres cambió. Nuestros roles de padres e hija se desdibujaron. Estábamos viviendo la peor experiencia de nuestras vidas y no encontrábamos nuestro lugar. No tuvimos tiempo de sanar lo que nos estaba pasando con Daibel. De repente, teníamos que hacer frente a una situación muy dolorosa, emocionalmente convulsa que nos mantenía muy confusos a tod@s. Aderezamos todo este lío con un conflicto con nuestra familia extensa. El remate final…

Dolor, mucho dolor. Mis padres han sufrido lo indecible a todos los niveles, pero siempre juntos y con mucho apoyos inquebrantables.

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Este conflicto laboral me robó a mis padres cuando más les necesitaba. Ellos siempre han estado disponibles cada vez que les he llamado. No se trata de eso. Se trata de que nos robaron nuestro tiempo, nuestro duelo por la situación de Daibel, nuestras conversaciones para entendernos, para sanarnos. Mis padres empezaron a tomar antidepresivos a los pocos meses del despido. La situación nos sobrepasaba a todos. Recuerdo que mi padre me lo contó cuanto ya llevaban tomándolos un mes y cuando le pregunté que cómo lo llevaba me dijo “me han robado los sentimientos”. Así no se puede. Siempre pensé que se equivocaron con mi padre, que no necesitaba esas pastillas, pero claro, no es habitual ver a un hombre de su edad llorar. Los hombres de su edad no lloran, son duros como piedras y esconden sus emociones. ¡Venga ya! Soy una afortunada por tener al padre que tengo, que nunca ha tenido miedo de expresar sus emociones en mi presencia y que me ha educado para que yo no reprima las mías. Una verdadera suerte para gente de mi generación. Hace poco que ha dejado los antidepresivos –le provocaban arritmias- y he notado cómo ha comenzado a expresar un montón de ira contenida. Estaba ahí bloqueada. Vuelvo a reconocer a mi padre.

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Manifestaciones e infancia

Una de las cosas que peor he llevado es que no he podido  ir a muchas concentraciones y manifestaciones convocadas por #CocaColaEnLucha. Antes de que naciera Daibel yo iba a todo. Pero, ahora, su estado de salud no nos lo permite. Aún así, he ido a algunas. A veces sola y a veces con Daibel. Fui con él en varias ocasiones cuando las marchas se intensificaron semanas antes de que el Tribunal Supremo dictara la sentencia. Yo tenía que estar allí. No tenía otra manera de hacerlo que acompañada con Daibel, con su oxigeno y todo, pero allí estábamos. Quería estar con mi padre.

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¿Son las manifestaciones sitios para la infancia? Yo creo que en parte sí, siempre que se pueda asegurar que no corren ningún peligro, claro. En cierto modo, forma parte de su educación. Pero supongo que también puede verse como que estoy instrumentalizando a mi hijo al ceder su imagen en la lucha del conflicto. Bueno… yo sólo sé que es una realidad. Que esto nos ha pasado. Que sí, que a mí me rechina ver a niños en las manifestaciones del Foro de la Familia, pero es la educación que sus padres han elegido y yo ahí no tengo nada que opinar.

También he acudido a varias celebraciones en el Campamento de la Dignidad y presentaciones del libro “Somos Coca-Cola en lucha. Una autobiografía colectiva”, que vio la luz gracias a un exitoso crowdfunding, en el que hemos escrito mis padres y yo junto a un montón más de compañeros y compañeras. Es un libro que he tratado de leer varias veces, pero no puedo. Se me encharcan los ojos y no veo.

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Uno de los días de todo el conflicto en el que peor lo pasé fue el 15 de enero de 2015. La empresa entró en la fábrica con la intención de desmantelarla, protegida por un enorme despliegue policial. Yo estaba en casa desesperada, viendo las imágenes por televisión de los compañeros de mis padres heridos por las cargas policiales. Decían que había 4 heridos. Mi madre resultó ser una de ellas. No por las cargas, sino porque se cayó en el tumulto y se fracturó un pierna. Se me pone un nudo en la garganta al recordarlo.

Y así pasó, que en esas manifestaciones de la primavera de 2015, que nos parecían tan importantes, en las que queríamos acompañarles a toda costa, esta es la pinta que teníamos. ¡Vaya cuadro! Un espectáculo de familia, pero unida.

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#HijaOrgullosa

Siento un orgullo enorme por mis padres, que se han mantenido unidos y firmes en sus convicciones a pesar de no habérselo puesto nada fácil. Gracias por luchar por lo que mi abuelo construyó y por un mundo mejor para vuestro nieto.

¡Hasta la victoria siempre!

¿Qué opinas de que los niños vayan a las manifestaciones? ¿Vas con tus hijos? ¿Hay alguna situación similar que haya marcado tu maternidad?

Publicado en Crianza
Lunes, 05 Septiembre 2016 20:26

Un trabajo inesperado que me permite conciliar

Sí, has leído bien el titular. Tengo un trabajo nuevo en el que voy a poder conciliar familia y trabajo. No es una broma, no es brujería, es una oportunidad real.

Hace unos días, me lleve una gran sorpresa. Jeni, dueña y asesora de porteo de Monetes me llamó para ofrecerme un puesto de trabajo en su maravilloso proyecto, del que me enamoré en cuanto lo conocí a principios de 2013, cuando aún no era madre ni sabía que estaba embarazada, aunque así era. Recuerdo perfectamente el primer día que fui a Monetes con mi amiga Sara y su hija Nora. Nos tiramos allí un largo rato maravilladas con las posibilidades de la tienda. Al poco tiempo, entrevisté a Jeni y a Zaida para el boletín de la Red de Recuperación de Alimentos, ya que era uno de los comercios colaboradores. Desde que me quedé embarazada, la tienda, sus talleres y su asesoría de porteo han sido para mí un referente. Con el tiempo, la relación se fue haciendo más estrecha y he colaborado en dos entradas de su blog, la primera es un tutorial de un sonajero adaptado y la segunda una entrevista sobre nuestros inicios en el porteo. Además, acompañé a Jeni a un taller sobre porteo ergonómico que impartió para el servicio de Rehabilitación Infantil del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, donde acude Daibel. Resulta que hay más cosas que llevamos un tiempo preparando. Nunca pensé que os la mostraría siendo trabajadora de Monetes, pero así será.

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Unas condiciones laborales envidiables

Esta oferta, que he aceptado, llega en un momento de catarsis en mi familia; en un verano de locos, muy complicado por muchas razones, que nos ha fortalecido y ha cambiado el rumbo de nuestra vida. Llega sin haberlo buscado, pero resulta que se ajusta a la perfección a nuestras circunstancias; y es que este empleo presenta unas características de fábula:

  •         Mucha comprensión respecto a nuestra especial situación y los imprevistos a los que nos podemos enfrentar. Con Daibel no es precisamente fácil organizarse. Pega sustos y de vez en cuando pasa por urgencias o acaba hospitalizado. Es una de las primeras cosas que Jeni y yo hablamos y vimos diferentes opciones para resolver estos imprevistos. No sabemos exactamente qué tal nos saldrá cuando algo suceda, pero estamos preparadas. Además, se supone que cuanto más mayor sea Daibel menos sustos nos llevaremos.
  •          Posibilidades reales de conciliación entre vida laboral y familiar para todas las personas que conformamos el equipo Monetes. Esto pasa, por ejemplo, por que Daibel me acompañará en buena parte de mis horas de trabajo y por una flexibilidad envidiable en el horario de trabajo que me permitirá seguir yendo con mi hijo a las terapias y las consultas médicas, así como disfrutar de tiempo en familia.
  •             Un aumento de nuestros ingresos familiares que no esperábamos y que nos viene a las mil maravilla.
  •            Está muy cerca de mi casa. ¡Puedo ir andando! Siempre he querido tener un trabajo al que poder ir caminando.
  •            Un equipo y un ambiente de trabajo buenísimos.
  •           Un proyecto solvente que me encanta y al que me ilusiona pertenecer. Lo reconozco, soy muy fan de Monetes. Os he recomendado la tienda muchas veces. Así que me siento como una fan de Justin Biber que ha terminado haciéndole los coros. Soy una Monetieber XD.

¿Se puede pedir más? Me siento una privilegiada. Porque, como escribió Nohemí Hervada, en muchas ocasiones las madres tienen que enfrentarse a muchas renuncias. Yo siento que ahora no es en absoluto mi caso. La pena es pensar que esto es una suerte. Si le puesiéramos más cabeza al mundo laboral, casos como el mío no serían aislados.

Un cambio de rumbo ilusionante

Durante estos tres años de maternidad he pensado muchas veces en cómo sería mi vuelta al mercado laboral y no lo veía nada claro. Más bien lo veía imposible, al menos mientras Daibel estuviera sin escolarizar, y para eso queda mucho tiempo todavía. Volver a mi trabajo anterior nunca ha entrado en mis planes. Cuando Daibel nació me colocó en mi sitio y pronto supe que con él en mi vida no querría volver a trabajar en la universidad. Aquello es demasiado tóxico y no necesitamos añadir más leña al fuego. Cuanto más tiempo pasa, más lejos me siento de esa posibilidad y me alegro.

En este tiempo también iba comprendiendo que me interesaba realmente trabajar en algo relacionado con la maternidad. He fantaseado con ser asesora de porteo, de lactancia, impartir talleres sobre juguetes adapatados… Incluso llegué a pensar en que me gustaría trabajar en Monetes. ¡Qué locura! ¿Será el poder de nuestra mente? Pero lo que jamás había pensado es que Jeni me viera como una posibilidad, y menos ahora. Nunca lo habíamos hablado.

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Ante esta nueva situación, he de reconocer que mi implicación en Crianza Mágica será menor, pero desde luego, no tengo ninguna intención de dejarlo aparcado. El ritmo de las publicaciones, que nunca ha sido especialmente acelerado, será menor. Sé que lo comprendéis y os doy las gracias por ello.

Gracias, también, a Jeni por su confianza en mí y por permitirme formar parte de la familia Monetes. ¡Allá vamos!

¿Tu trabajo te permite conciliar? ¿La maternidad ha cambiado en algún modo tu situación laboral? ¿Eres mamá de un peque con necesidades especiales y trabajadora? ¡Cuéntame!

Publicado en Burocracia